Valeria Degenaro tiene el orto casi virgen
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Valeria reconoce que le encanta hacer turcas. “Me excita mucho cuando me la piden” confiesa Degenaro, “ en la cama soy de usar mucho mis tetas.” |
Pará un poco, no la saques todavía. Es verdad que cuando Valeria Degenaro pela tetas y mira fijo es porque quiere que se la pongan, pero esta vez la morocha quiere que le saquen una duda. “La verdad que no entiendo” dice la morocha perpleja, “la parte más linda de mi cuerpo son mis ojos y sin embargo es lo que menos me miran los hombres.” Y no es solamente un tema de visibilidad, porque aunque Valeria tuviera los ojos tan grandes como los patys, le resultaría difícil agarrarte la chota entre las pestañas. “Todos me piden la famosa turca” dice respondiendo su propia pregunta, “y está bien, porque
soy de usar mucho mis tetas, aunque después de los implantes perdí bastante la sensibilidad.” Y es una pena que no haya perdido un poco de sensibilidad cuando le hicieron el orto, que es otra de las cosas que más demanda tiene. “Me duele mucho por la colectora” se queja Valeria, “la verdad que lo intento pero es muy difícil, por eso la cola la tengo casi virgen.” Casi, porque con el tránsito que hay en la autopista es difícil que nadie vaya por la colectora. “Pero los hombres igual la piden siempre” dice resignada, “hasta lo consulté con una ginecóloga que me dijo que puede no gustarme, pero igual lo intento.” Es que a pesar de haber garchado en lugares
insólitos y partuzeado en videos porno de Playboy, Valeria se considera una mina de gustos simples. “No me gustan las fantasías extrañas, a mí el sexo me gusta en la cama, no la cambio por nada” confiesa la morocha, “en el auto me parece incómodo y el baño del avión es sucio y muy chiquito”. Y aunque de momento está sola, no quiere decir que ese ojete no esté abierto al público, porque Valeria da prioridad a la trampa.
“Cuando el sexo es ocasional me entrego más, soy bien gata” explica la morocha, “le pongo más ganas, en cambio si estoy en una relación soy más vaga aunque me presto al juego para que no sea siempre lo mismo.” Otra mito que la morocha quiere romper es que para satisfacer ese ojete o turquear esas tetas hace falta un tremendo aparato. “Nada que ver, las mejores veces fueron con chicos normales porque como tienen algo grande le ponen mucha más actitud” explica Valeria con la autoridad de una experta en pijas, “el tamaño no me importa, chiquita y jueguetona le gana a grandota y tonta.”

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