Tamara Alves, brasileña enferma del sexo
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Tamara asegura que la cola la entregó hace muy poco y en Argentina. “Aprendí a relajarme y disfrutarlo” dice la brazuka. |
Son dos bestias de diferente raza pero una misma función: servir al hombre. Y si no sabés cuál de las dos montar primero, empezá por la que parece más fácil. “Obvio que soy una yegua” admite Tamara Alves, “pero no lo digo por lo linda sino porque estoy segura de que soy muy buena en la cama, me encanta que me cabalguen bien a lo salvaje con palmadas y zamarreadas.” Tamara sabe que para competir en el mercado local no puede hacerlo con su belleza sino con la avidez de
sexo que caracteriza a las garotas como ella. “Soy bien brasilera, para el sexo no tengo dramas de ningún tipo” dice la morocha, “soy cero histérica, conmigo nunca te vas a quedar con las ganas, lo que quieras hacer, lo hacemos.” ¿Cansado de tener que “avisar” en pleno pete porque la nena no quiere comer el postre? Para la brazuca, los lácteos argentinos son a pedir de boca. “Soy muy pero muy buena en el sexo oral” dice la morocha con una cara de viciosa que es como para creerle, “además voy hasta el final y no tengo problema en que me acaben en la boca.” Querés festejar la victoria contra Brasil pintándole la cara? Tudo bem. “Me gusta que me acaben en la cara también” dice la brazuka, “disfruto mucho cuando veo que me
acaban en el cuerpo.” Y sino fijate en el video cómo se pone crema en el cuerpo a modo de acabada, es una auténtica viciosa. “Soy una enfermita del sexo, me encantan las guarradas es lo que mejor hago” dice la morocha, “el sexo me gusta tanto que hago todo lo necesario para que el hombre quede satisfecho, que no le falte nada de nada.” Y como con la selección de su país, Tamara se venía salvando hasta que este año le hicieron bien el orto. “Soy nuevita con la cola” dice Tamara como sorprendida por haber mantenido el invicto tanto tiempo, “empecé hace poco pero aprendí a disfrutarlo relajándome y llevándolo despacito.” Y si querés peinarle la cola a esta yeguita, llevátela despacito a los yuyos. “Me fascina cumplir fantasías al aire libre” dice Tamara entusiasmada, “te confieso que cuando veía al
caballo de la producción me calenté, me dieron ganas de hacer el amor en un descampado.” Pero tranquilo que para darle a la brazuca no tenés que tenerla como un caballo. “Para mí el tamaño no es todo” dice con autoridad, “un hombre tiene que saber lo que hace, saber cómo tocarme, es un conjunto que hace la calentura.” Y cuando la yegua se calienta, es ella la que monta al jinete. “Todos me ven con la nenita maniobrable, pero soy mandona y llevo las riendas cuando lo hacemos” dice la morocha, “Te digo lo que tenés que hacer, dónde ir, cómo hacerlo y por cuánto tiempo… me gusta que el hombre sea mi esclavo en la cama, soy buena domadora y me gusta sentarme arriba del pingo, no sólo para dominar sino por la sensación.”
Bajate el video de Tamara Alves desnuda
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