Rocío Marengo desnuda en Playboy
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Cuando Rocío Marengo tiene antojo de pete, a falta de pijas buenos son picaportes. |
Después de muchos amagues y negociaciones frustradas, Rocío Marengo se animó a salir desnuda en Playboy. “¡Me liberé!” dice la rubia mostrando los pechos en el Palacio San Miguel, “a mis 30 años me siento más linda y sexy que nunca, además si no muestro mi cuerpo ahora, ¿cuándo lo voy a hacer?”. Rocío dice que después de romperse el culo en el gimnasio y en otros lados, finalmente logró tener el lomo listo para las fotos. “Llegué a los 90 centímetros de cadera y todavía no puedo creerlo, al fin logré el cuerpo que siempre quise, con medidas perfectas” dice la rubia entusiasmada, aunque no lo suficiente como para mostrar el koala. “Pará que tampoco voy a mostrar todas mis partes íntimas” se ataja la rubia, “no te olvides que tengo un padre y un hermano
que no están felices de verme desnuda.” Y tampoco deben estar contentos con la acusación de Amalia Granata, que dice Rocío Marengo llegó a cobrar un departamento para coger con un ejecutivo de la televisión chilena. “Yo todo lo que gané fue con mi profesión” dice oscureciendo al aclarar, “no fue por mi cuerpo o la exposición sino por mi inteligencia.” Pero inteligencia parece haberle faltado al confesar que le gusta ser puta justo después que Ricardo Fort la acusara de “ejercer la profesión más
vieja del mundo” en Chile. “Me gusta ser bien puta” confiesó Marengo, “y me gusta que me digan puta y si me pagan, más todavía, jaja.” La rubia dice que la terapia le rompió el bloqueo y fue como si hubieran dinamitado el dique que contenía un río de putez. “Me gusta sentirme la más puta” dice rubia como si finalmente se le hubiera despertado el koala, “la mejor noche de mi vida sería en un hotel tipo Las Vegas con cámaras filmando, porque pensar que me están mirando me motiva todavía más.” Y mientras para cualquier mina desnudarse para Playboy, confesar ser puta y tener ganas de filmarse garchando sería una manera de aumentar la tarifa y conseguir
más clientes, para Rocío Marengo es una manera de buscar esposo. “Me quiero casar y pronto” dice la rubia casi como una amenaza, “y al que le de miedo estar al lado mío porque me quiero casar, que se vaya y venga otro, porque yo voy a estar de blanco en menos de un año como sea.” Pero según Marengo casarse con una puta no es tan mal negocio, porque no sólo podés darle leche al koala sino disfrutar de la guita y los privilegios del éxito como un
cafishio. “El tipo se tiene que dar cuenta que voy a ser muy grossa, una verdadera número uno” dice la rubia y frena como si en medio del delirio de grandeza tuviera un conmovedor ataque de sinceridad. “Además fijate el cariño que me tiene la gente y eso que no hice nada, imaginate si ahora empiezo a estudiar un poquito y mejoro? Va a ser un placer para un tipo estar conmigo!” Si te interesa la vacante tené en cuenta que al koala de Marengo le gusta colgarse de eucaliptos de tronco grande. “El tamaño muy chico me mata” dice Marengo de los maníes quemados, “no puedo, es un bajón para mí porque una vez que conocés una grande que vas
más adentro, no te bancás una chiquita.” Y el problema es que el koala de Marengo es grande, así que no se conforma con cualquier ramita. “Hay minas que la tienen chica y entonces puede ser que ellas la sientan grande, pero no es mi caso, me ha tocado conocer algunas muy pequeñas y es un bajón, el tipo se mataba para que yo la pasara bien pero yo pensaba lo chiquita que la tenía y la verdad me deprimía.” Rocío dice que de momento está sola y espera que aparezca un pibe de pija larga que la tenga con rienda corta. “Me gusta el hombre machista, que me dominen y me hagan sentir la más puta” dice la rubia poniendo el orto para las fotos, “porque no es fácil conmigo, soy medio loca y por eso me gusta que me tengan cortita.”
Bajate el video de Rocío Marengo
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