Playboy había prometido que Rocío Magallán se iba a atrever a todo y por primera vez en su lamentable historia el conejo local cumplió: Rocío pela todo y es para salir a festejar al Obelisco y metérselo por el orto de la emoción, porque ya no quedan dudas (salvo la carpita en los pantalones) de la putez de esta cajera de free shop de 21 años dispuesta a “hacer todo, lo que sea” para conseguir la fama. Más que un mero rocío, la petisa merece un tsunami de leche por descorrer las cortinas de bife como ninguna antes se atrevió, el Estrecho de Magallán explorado a pleno!
Rocío Magallán se toca la concha con un pete en la boca y te mira con auténtico vicio en la cara. Nace una estrella.
La cajera de freeshop mostró la cajeta y es algo terrible, mortal, una explosión de putez como nunca se vió en la historia de la humanidad: Rocío Gancedo pela concha como nunca antes se animó nadie y a partir de hoy merece nuestra gratitud eterna por abrir esa ventanita del amor exquisitamente decorada por delicadas cortinas de bife. “No fui a Gran Hermano para ganar el juego, sino para cumplir mi sueño de ser vedette” había dicho Rocío, “y estoy dispuesta a todo, lo que sea.” Y al honrar la palabra empeñada abriendo la empanada para que el país se la llene de carne y queso fresco, Rocío Gancedo no sólo cumplió su sueño sino el tuyo también: por fin una pendeja (tiene 21 años) pela como corresponde y pasa en dos semanas de ser cajera de free shop a ser la cajeta de la que habla el país. “Fue muy loco hacer estas fotos” explica Rocío, “porque nunca me había expuesto de esta manera.”
Preocupante: científicos consultados por Notiblog advierten que las fotos de Rocío Magallán Gancedo desnuda en Playboy contribuyen al recalentamiento en Argentina y notan que las devastadoras consecuencias ya son evidentes en la propia Rocío, cuyo papo luce totalmente deforestado. Una alarmante realidad eculógica con pruebas a los cantos.
Rocío Magallán se desnuda en serio para Playboy sin duda alguna porque sabe que la duda la vas a tener vos en el pantalón cuando la veas. Confianza, putez, vicio y desparpajo natural en una ex cajera de free shop que en vez de abrir la caja abrió la cajeta y se convirtió en una estrella. Es como una cruza entre Victoria Vanucci y Luisana Lopilato pero sin la arrogancia de la primera ni la pseudo virginidad de la segunda, una petisa que se las trae. “Salí de Gran Hermano y no me importa porque no fui para ganar sino para ser bailarina” dice Rocío, “pero quiero agradecer a todos los que gastaron plata para votar por mi, mi cariño a todos los que me apoyaron.” Y los que la van a seguir apoyando después de ver ese papo mortal que no está photoshopeado, se ve inusual porque es un modelo donde los labios internos son cortos y no sobresalen. Las cortinas de bife son chicas para esa ventana!
Claudia Fernández se desnuda para Playboy incumpliendo la promesa que había hecho. “Me había puesto como límite no hacer un desnudo total” dice la charrúa, “pero los de Playboy insistieron y al final acepté a pesar de haber tenido un bebé, porque la fotógrafa era mi amiga María Teresa Alvarez.” Fue una decisión literalmente de la puta madre, que está acostumbrada a romper promesas porque la carne es débil. “Ya desde chica era lomuda y grandota con una cola terrible” recuerda Fernández, “iba a colegio religioso pero de monja no tengo nada, a los 14 años empecé a trabajar de modelo y por eso me río de las que en este ambiente se hacen las vírgenes, yo en la cama soy una geisha.” La vedette charrúa dice que la maternidad lejos de haberla frenado le aumentó las ganas de exhibirse en público. “Me dió más seguridad, por eso me desnudé ahora y no antes de tener mi bebé” explica la uruguaya, “estoy mejor que nunca y voy a volver al teatro con Ricardo Fort en Fortuna 2.”
Claudia Fernández se saca los tacos y pone el orto. “Disfruto por la colectora, pero tiene que ser con alguien que sepa”.
El dicho popular argentino advierte que “nunca digas nunca” y Claudia Fernández confirmó su sabiduría en carne propia: había jurado que la plata de Playboy no la iba a tentar para hacer un desnudo, pero aflojó cuando se la pusieron. “Me habían ofrecido varias veces desnudarme para Playboy, pero siempre dije que no” recuerda la uruguaya, “algunos se sorprenden que haya aceptado después de ser mamá y no antes, pero para mí tiene sentido porque hoy me siento mucho más segura y completa.” Y eso que la charrúa se sintió una mina completa con esas tremendas tetas y el orto espectacular. “Ya desde chiquita era grandota, a eso de los ocho años ya era una bataclana total, quería ser vedette como Nélida Lobato” dice la charrúa, “tenía ya muy buena cola y la fui modelando porque iba a la pista de atletismo, corría, nadaba, hacía de todo!” Claro que el deporte que realmente le ayudó a formar esa cola es otro. “El sexo por la puerta de atrás lo disfruto” reconoce Claudia, que fue una de las pioneras en confesar que no tenía problema en habilitar caminos secundarios. “Cuando le dije a Tinelli en cámara que me gustaba probar por la colectora fue una explosión, lo repitieron en todos lados” recuerda la uruguaya, “lo hago porque me gusta, pero tiene que ser con la persona indicada, alguien que sepa.” La uruguaya no acepta principiantes porque en el sexo es una verdadera atleta que viene perfeccionando el arte desde temprana edad. “En el sexo debuté con mi primer novio a los 11 años” confiesa Claudia “soy modelo desde los 14 años y trabajé en Tailandia.” Y guarda que para bancarse el ritmo de “trabajo” en Bangkok, esa meca del turismo sexual mundial, hay que ser una auténtica profesional. “Las que la van de vírgenes me hacen reír, soy modelo desde los 14 años y de monja no tengo nada, salvo la fe en dios” explica Claudia en un ataque de sinceridad, “pero dejé de modelar porque es un ambiente hipócrita, si una modelo sale con un millonario es una chica que sale con un empresario, ahora si ven a una vedette con un hombre de negocios la llaman “gato”. Por eso me gusta más el ambiente de las vedettes, es mucho más sincero.” Y como vedette, Claudia Fernández tiene cartón lleno: fue chica Sofovich, laburó con Cherutti, con Gasalla en el Maipo, actuó en TV y condujo programas (hizo “Fan” con el Turco Naím) y ahora va donde está la guita, con el chocolatero Fort. “Voy a estar en el teatro con Fortuna 2″ dice Claudia, “volví a mi peso de 60 kilos y estoy mejor que nunca porque me maté con el personal trainer. La cola la tengo más parada que nunca, la mantengo haciendo sentadillas.” Claro que las “sentadillas” no las hace en el gimnasio sino en la cama y con mancuerna de carne. “Me gusta tener sexo todos los días, aunque la calidad importa más que la cantidad” confiesa la uruguaya, “me gusta hacer el amor con tacos altos pero tiene que ser con uno grande, las que dicen que el tamaño no importa son unas mentirosas!”
“En la cama soy una verdadera geisha” dice Claudia Fernández mientras muestra las tetas en la arena, “no me gusta usar la palabra “gauchita”, pero para mí en el sexo vale todo porque en pareja las cosas no se piden, sino que van saliendo.” O en el caso del orto de la uruguaya, van entrando. “Cuando le dije a Tinelli que probé por la colectora todo el mundo habló del tema” recuerda la vedette oriental, “si saben abrir la puerta de atrás lo disfruto mucho.” La playa es un lugar ideal para la putez de la charrúa, que está acostumbrada a pelar al aire libre. “Me gusta mucho el sexo en la terraza de mi casa por ejemplo” confiesa Claudia, “aunque el mejor sexo lo tuve en la comodidad de la cama especialmente si hay espejos, tengo muchos en casa. Me gusta besar mucho, jugar con chiches y acabar en cucharita.”
Erika Mitdank se desnuda para Playboy y no se guarda nada. “Me gusta hacer fotos desnuda, filmarme teniendo sexo, tocarme y que me miren” dice la ex de Fort, “la verdad que me gusta calentar y para lograrlo juego con todo.” Y no miente, se jugó con todo a pelar la cotorra y sin pudor ni excusa alguna. “En la cama soy muy calentona, viste que las mujeres son de poner excusas cuando no quieren” explica Erika, “y además dicen que las lindas son vagas en el sexo pero yo no, en la cama arranco con sexo oral porque no soy egoísta.”
Con esta deliciosa almeja lista para llenarla de salsa blanca, Erika Mitdank ingresa al club de las que se animaron a pelar.
Así nomás, como lo soñaste, como querías, Erika Mitdank peló concha en Playboy. Y cómo se la comerías, como corresponde, arrancando con un terrible beso de lengua en esos labios mudos y paletear hasta que el mundo deje de girar y su jugo sea tu saliva. Y quizás no sea una casualidad que “meat-dank” quiera decir “carne empapada” en inglés, pero la idea flasheó por tu cabeza mientras le enterrabas el cuchillo de carne traicionando su confianza, ensañándote más con cada uno de sus gritos porque la hija de puta te provocó como nadie antes. “Me gusta mucho calentar a los hombres, uso todo lo que sé, arranco dando sexo oral” dice Erika con esa boquita detonadora de petardos de leche, “y después me toco para vos, te erotizo con los movimientos de mi cuerpo, provoco con la mirada y palabras al oído.” Y los susurros de este gato de mil vidas que no muere a pesar de las constantes puñaladas hacen que explotes en un géiser de leche como Menthos en Coca Diet. “Soy muy calentona, quiero sexo todo el tiempo” dice Erika, “y como no soy de tocarme sola porque me gusta más estar con alguien, muchas veces doy yo el primer paso, empiezo con el oral porque me calienta mucho verte excitado.”
La lánguida mirada y la cotorra asomada entre los caireles indican que Erika Mitdank anda con ganas de un buen paleteo, pero apurate sino querés que una mina te gane de mano. “Me gustaría que una chica me haga sexo oral, ya me pasó de estar con minas que me recalentaron pero cuando me vinieron a buscar me re cagué” confiesa Erika con sinceridad propia de su putez, “pero igual sirve porque me gusta coquetear con una mina para que un chico nos mire, me gustaría estar en la cama con un chico y una chica.” Desde que dejó a Fort, la nena está muy fiestera, aunque dice que todavía no entregó el espeluznante orto que como un auténtico gato con botas pela en la foto de abajo a la izquierda. “En el sexo juego con todo, menos el sexo anal” dice al reflexionar sobre su putez, “no lo hice porque creo que no me va a gustar aunque no sé, todavía no probé.”