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Natalia Fassi volvió en Bailando por un Sueño, aunque el de casarse con Carlitos Tévez se le haya esfumado tiempo atrás. La morocha ahora dice que ahora factura con su gatuna voz, pero no susurrando en una línea erótica sino haciendo radio.
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Natalia Fassi tiene dos pochas ideales para una buena turca.
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Con la garra propia de una verdadera “apache”, Natalia Fassi volvió bailando por un sueño, aunque en realidad el de ella murió hace rato, cuando Carlitos Tévez la dejó por una brazuca, y junto con él se fue la posibilidad de vivir a lo grande. “Casi siempre consigo lo que me propongo”, dice Natalia y debe ser duro pensar que ahora podría estar viviendo en un castillo en Inglaterra mientras Carlitos juega para el Manchester United. “Las cosas se van dando sin que uno las busque desesperadamente”, dice Fassi tratando de tomar las cosas con filosofía, pero debe ser difícil para una botinera saber que besó al sapo por nada,
especialmente cuando otras como Wanda están teniendo éxito tan rápido. “Mido un metro setenta, peso 52 kilos, mis medidas son 90-60-91 y vivo en Las Cañitas”, dice con la cadencia memorizada de una profesional que pasa precio y la vocecita clásica de gato caro, que ella insiste que no es. “Nunca tuve una propuesta indecente, nunca” sale a desmentir sin que le pregunten, “yo sé que la gente se hace la película, pero nada que ver con cómo soy.” Es que la combinación de la carita de putona, las curvas y la vocecita hacen que hasta el más inocente piense “andá, no te hagás la difícil que vos sos Natalia Fássil”. Pero insiste que no, dice que es “una chica simple de jean y remera… inclusive a la noche duermo con un culotte” como si eso fuera
la prueba de que no está a la venta. Una cosa es verdad, a pesar de que a primer vistazo es de gatuno trepador, la chica viene de familia acomodada. “Empecé cuando tenía 18 años, estaba en Miami y me vió un fotógrafo y me dijo ‘vení que yo te voy a hacer famosa’”. Cualquier otra mina hubiera leído en la propuesta “vení que te voy a hacer la cola”, pero Fassi le creyó. “Resultó ser cierto, igual por las dudas fui con mi hermano Gastón”, agrega como para hacer la historia más creíble,
“yo siempre me manejé así, con mi familia al lado… soy muy familiera.” La familia tenía suficiente plata no sólo para veranear en Miami, sino también para pagarle la universidad privada. “Terminé el secundario y me vine a Buenos Aires a estudiar Comercio Exterior en la Universidad de Belgrano, pero nunca trabajé de eso”. Ah, y de qué laburaste entonces, Nati? “Es que todo se dió para trabajar en otras cosas… publicidad y televisión”, contesta la (ex?) modelo, “arranqué haciendo un programa en Much Music y después hice tele abierta con Sofovich”. Y ahora vuelve al candelero Bailando por un Sueño, pero ya con 31 años y varios “retoques” en la cara escapa a las revistas, forzándolas a publicar fotos de
producciones pasadas. Es que la ex apache ya no vende su imagen, ahora vende el sonido de su meliflua voz en un “Fashion Report” por la FM Global Electronic. “Cada vez que salgo al aire siento que los oyentes no están pendientes si tengo el cuerpo perfecto” dice admitiendo que las épocas de carnes duras quedaron atrás. “La radio me permite acercarme al pueblo”, dice una
Fassi demagógica. Natalia, si querés levantar el rating en radio, sorteá un garche entre los oyentes del programa y hacete coger en vivo dejando el audio abierto. Mirá cómo pelaba tetas la turra divina!
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Natalia Fassi separa las piernas en un gesto instintivo y te mira como diciendo “no te hagás el arisco, vení que te hago un pete que no vas a poder olvidar.” Y ahora que ya tiene más de treinta años, experiencia no le debe faltar. Boluda apetecible.
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Es por esta posición en cuatro que Natalia Fassi terminó con las rodillas y el orto a la miseria.
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Apesar de haber pasado los treinta y no tener el lomo de antaño, Natalia Fassi dice que los chicos se la quieren coger más que nunca antes. “Ultimamente me di cuenta que son los nenes que me buscan para el sexo”, dice contenta de tener un nuevo mercado para sus experimentados servicios. “Y lo peor es que descubrí que los chicos me encantan”, agrega triunfante con esa vocecita de viciosa. La morocha (rubia cada tanto) explica su previa ausencia de los medios no por la ruptura con Tévez,
sino por regresar a la vida tranquila y sencilla que conoció al criarse en la provincia. “Nací en Lobos y viví toda mi vida en Cañuelas, me encanta ese estilo de vida muy de campo”, explica la morocha con esa voz de “bueno, ponela, pero no me hagas doler mucho”. Natalia Fassi dice que le gusta “estar con amigos y compartir un asado”, pero también le gustan los caballos, esos animales de grandes porongas. “Adoro los caballos, me encanta montarlos!” se entusiasma la ex rubia. “Me encanta montar, la verdad que cabalgo muy bien.” No nos queda ninguna duda Natalia, es más — porqué no te cabalgás ésta?”


