Mariana De Melo otra vez a tu servicio
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Mariana de Melo pone la cola como parte del servicio VIP que ofrecía como mucama. |
Si es verdad que los gatos tienen siete vidas, a Mariana de Melo después del palo que se pegó en la ruta le quedan seis. “Yo sé que como laburo mostrando el culo alguno va a pensar que soy gato, pero no me importa” decía la misionera cuando no se imaginaba que unos meses después la naturaleza felina que negaba le iba a salvar la vida. Cuando el médico del Sanatorio de los Arcos dijo “traumatismo de cráneo con pérdida de conciencia” con tono de boleta, algunos pensaron que sus carnosos labios no petearían más, pero se equivocaron. “Yo me río de todo” dice la morocha cuya alegre vida le permitió pasar de mucama a vedette en una historia muy parecida a la de Cenicienta,
excepto que en esta versión se la enfiestan los siete enanos. “Cuando tenía 15 años empecé a trabajar como mucama en casas de familia” recuerda De Melo y cuando vos pensabas quién habrá sido el turro que se comió a la adolescente mucamita por primera vez, Mariana contesta “Obvio que cuando laburaba de mucama me llevaba muy bien con el patrón, mejor que con la señora.” Es que a la misionera le cabe la trampa al mejor estilo feudal, donde cuando el “señor” es gentil y generoso, la mucama le lustra el caño con la boca. “Tenés que ser un caballero para romper el hielo conmigo” recomienda la morocha, “abrirme la puerta y darme tu abrigo si hace frío.” Son pequeñas cortesías que acompañadas de unos billetes te dan acceso a uno de los pocos lomos no tuneados de la escena nacional. “A los tipos les gusto
porque mi cuerpo es cien por ciento natural”, explica Marianita, que se reconoce golosa. “Me gusta comerme un buen bomboncito” reconoce la misionera con esa modestia propia de las grandes profesionales, “el envoltorio la verdad me da lo mismo, lo importante es lo que viene adentro.” Y sí, le gusta succionar el bombón en barra, pero guarda que no siempre se traga el relleno. “Tengo días donde estoy golosa y lo trago todo, y otros que no quiero saber nada, todo
depende de mi estado de ánimo” dice la morocha y agrega por si no entendiste que “por eso me gusta comparar lo dulce con el sexo, es como con las golosinas, hay momentos que estoy que exploto de ganas y otros que no.” Pero lo que siempre explota con ganas son los petardos de carne en la boquita viciosa de Mariana de Melo, la petera que volvió de la muerte. “Mi arma de seducción es la boca” dice alimentando la leyenda que asegura que del accidente se salvó porque cuando tuvo enfrente al Hombre de la Guadaña, la misionera por instinto le manoteó el ganso y peteó por su vida. “Te gustó el pete?” preguntó la morocha con la boca todavía llena, “Estuvo mortal” contestó el encapuchado.
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