Las hermanas Francese, peteras religiosas
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Belén Francese muestra el orto ante la multitud enardecida de una disco. Luego del show, la pista quedó con más queso que una grande de muzzarella. |
Normalmente se dice el pecado y no el pecador, pero créanme que si mandamos al frente a las hermanas Francese acá en Notiblog es por su propio bien, para que puedan recuperar su reputación porque tanto María Jesús como Belén no tienen esos nombres al pedo, las dos son muy religiosas. “Rezo todos los días antes de acostarme”, dijo Belén Francese en las revistas, “rezo porque me hace bien”, y la hermana es igual. Por eso no se las puede culpar por lo que hicieron, porque las dos son como monjitas devotas y si le tiraron la goma al cura fue porque el turro les dijo que era una “petencia” — un pete de penitencia. Es que el sacerdote las encontró
a las dos desnudas en el camarín clavándose un porro antes de salir a escena en una disco, y con la mezcla de culpa y vergüenza que les dió el haber sido descubiertas in fraganti faselli, las dos cumplieron religiosamente el castigo haciéndole un divino pete. El cura resultó ser un zarpado que no sólo les ordenó a las dos hermanas que se traguen la ostia láctea, sino que encima les sacó guita para la Fundación Felices las Chicos, que según les dijo “sale con voluntarios a hacer campañas de vacunación de trolas en Recoleta”. Y más de uno debe estar pensando que Jesús y Belén no están libres de culpa y pecado, porque aún cuando se entiende que hayan peteado al cura por esa fe de las grandes putas que tienen, todavía queda el temita del faso. Pero acá de
nuevo tengo que salir a defender las hermanas Francese, porque estuve ese día en la disco y si veías el océano de pibes que enloquecidos esperaban para verlas (ver foto de ortos con medias de red), te das cuenta que tienen que estar un poco “entonadas” para salir a escena. “Como están los chicos eh?” me dijo orgulloso Vítola, uno de los socios del boliche. “Están hasta las bolas, se las van a lastrar vivas como pirañas”, le contesté al ver que algunos ya reclamaban a gritos que “entreguen a las Francese o rompemos todo” mientras otros hacían violentos pogos. “Y no sabés cuando las presento, es como tirar carne fresca a fieras hambrientas” dijo Vítola divertido antes de hacerme una invitación que iba a cambiar la noche. “No
querés pasar a saludar a las Francese? Mirá que tienen la mejor… andá que están en el camarín relajándose antes de enfrentar las fieras.” Las risas de las Francese resonando en el pasillo me sirvieron de guía para llegar al camarín, y a juzgar por la fumata que dejaba escapar la puerta entreabierta, las dos monjitas debían estar eligiendo un nuevo papa. Cuando estuve frente a la puerta estuve a punto de golpear, pero con las carcajadas todavía a pleno decidí mejor acomodarme las bolas
con un saltito a modo de cábala y entrar con cara casual. El supuesto camarín era en realidad la oficinita de la disco producida para recibir a las hermanas con telas blancas colgando del techo para hacer efecto con la luz negra que iluminó la enorme dentadura de Belén Francese cuando me preguntó “Hola, y vos quién sos?”. Traté de decir “soy Whiskas, el amigo de Vítola” pero no pude, porque las tetas desnudas de Belén aparecieron flotando en medio del humo y los patys iluminados por la luz negra me miraban fijo. Estaba paralizado sin saber si atacar o tomarme el palo, pero cuando todo parecía perdido, me salvó Jesús. “Tapate boluda! No ves que es el padre Nacho, lo conocimos el verano pasado” dijo la hermana con una
flauta de champán en una mano y una tuca en la otra, flasheando al verme todo de negro con el cuello blanco de la camisa brillando bajo la luz negra. “Chicas, se portaron mal, y las voy a tener que poner en petencia”, dije mientras me aflojaba el cinto, “cuál de las dos se va a confesar primero?”.
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