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Oíd mortales el ruido de rotas cadenas: son las que rompió María Eugenia Ritó al pelar esas terribles pochas y mirarte preguntando si tenés aguante o el flaco de polera va a morir de asfixia turca. “Yo salí con muchos trabajadores, gente común” explica la petisa, “eran reos pero bien machos, porque eso es lo que más me importa, que sean bien machotes.” Y fue en búsqueda de ese macho cabrío que la rubia fue ganando la experiencia que la convertiría en la atleta sexual que es hoy. “De chica estuve con un taxista, un heladero, el verdulero” explica Ritó, “tiene su morbo tener sexo con un estibador, un camionero, un carnicero… está muy bueno.” Puede que la petisa haya invitado muchos gremios a su cama, pero aclara que ninguno entró por la puerta de atrás. “Hay cosas que no hago, y dar la cola es una” dice lapidaria, “no me quiero ni acordar porque la pasé muy mal.”
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Eugenia Ritó peló flotadores pero no alcanzó a entregar la merluza en el puerto de Mardel porque “no se veía nada”.
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Si los mini timbres de Belu te dejaron con hambre, andá sacando el cuchillo de carne que acá llega Ritó con dos patys suficientes para alimentar a un puerto lleno de marineros. “En Mar del Plata había como cien estibadores mirándome con la boca abierta” dice Ritó de cuando se sacó la ropita en el puerto de la ciudad que por algo llaman Feliz. “Al principio estaba cohibida” dice la petisa y no era para menos al ver que los pibes del puerto le querían filetear la merluza y comérsela tipo sushi, pero la experiencia nocturna le aconsejó no resistir. “Así que
después me relajé” agrega la petisa aliviada, “y pelé lo que había que pelar.” Y lo que peló fueron dos terribles pochas, pero los estibadores se quedaron con el pescado sin vender. “Es que no me calenté con ninguno porque era de noche y no podía ver bien” dice la petisa dando a entender que si no fuera por la oscuridad con gusto habría entregado la merluza a los pescadores, sumando un nuevo gremio a su lista. “He tenido mis historias con trabajadores y tipos comunes” explica Ritó, “porque tiene su morbo la fantasía de tener sexo con un estibador, un camionero, un carnicero, está muy bueno.” Es que para llegar a ser una petera de excepción es necesario entrenar fuerte con todas las garchas disponibles en el barrio. “De chica
estuve con un taxista” dice la rubia recordando una de sus primeras bajadas de bandera, una experiencia que después se hizo costumbre. “Me gusta hacerlo en autos” reconoce la petisa y aclara que no se necesita que sea en una súper nave, “puede ser cualquier auto, pero bueno, un fitito no.” Ritó también confiesa que de pendeja (lo que debe haber sido!) también estuvo “con el heladero” donde aprendió a chupar el cucurucho de crema, y “con el verdulero de la esquina” que le debe haber enterrado la batata bien a fondo pero ojo no en la cola — Ritó admite haber recorrido los cien barrios porteños, pero asegura que nunca tomó por la colectora. “Hay pocas cosas que no hago y dar la cola es una” dice Ritó y a vos te queda la duda en ambas cabezas, aunque parece sincera
porque no dice estar invicta. “Tuve sexo anal una o dos veces” reconoce la petisa y vos soñás con ser el tercero pero está muy difícil. “No me gustó nada, no me dió ninguna satisfacción” insiste la rubia y ya casi como traumada agrega “ni sé si me dolió o no porque no me quiero ni acordar, la pasé muy mal.” O sea, de comerle la raba a Ritó ahí en el puerto de Mar del Plata ni hablar, pero si tenés suerte podés llegar a usarla de anillo. “Lo máximo que me puedo llegar a bancar en la cola es un dedo, ese es mi límite” dice la rubia sabiendo que no puede dejar a todo un país sin esa colita de cuadril, “pero igual prefiero que no me metan ni un dedo.” Y bueno, dibujá una uña y dos nudillos en el forro y decile que tenés el dedo hinchado!



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La cara de viciosa insatisfecha de María Eugenia Ritó tiene una explicación, y es que tiene ganas de estar con una mujer pero no se anima. “Me faltaría estar con una mujer” dice la petisa y te mira para ver si te la creés, “es una fantasía que puedo concretar en un futuro lejano o no tanto”. Pero la rubia tiene muchas tetas y poca memoria, se olvida que todo el país la vió acosando a Ernestina País por televisión de una manera que sólo puede hacer una torta experimentada. “En privado nunca acosé a nadie” ofrece como defensa pero en realidad se condena, “pero igual no encararía como hacen los hombres, esperaría saber si comparte mis sentimientos, porque a mi me gustan las minas femeninas, delicadas como yo.” Y como si quisiera confirmar los rumores, dice que “Silvina Luna por ejemplo es una mina muy linda y femenina, a mí no me gustan los tortones, esas minas que caminan y se visten como hombres.”
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Bajate el video de María Eugenia Ritó