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Luli Fernández es una manteca

Luli Fernandez

La foto de Luli Fernández fue suficiente para que un exaltado de ficción la violara implacablemente. No podemos condenarlo, y tampoco podría ningún juez (quizás a excepción de Oyarbide) porque la nena tiene una cola que está para el crimen.

Luli Fernandez

Luli Fernández tiene una carita insinuante y un par de pochas muy comestibles. Un bombón.

Me mandaron un psiquiatra a averiguar si estaba loco. Yo le dije, Ud. viene para ver si yo comprendo la criminalidad del acto, pero le adelanto algo: es Ud. que no entiende que esta pendeja, la Luli Fernández, está para el crimen. Y ahí el tipo dudó un segundo, me miró como pensando este es o se hace, y me preguntó “¿En qué sentido me lo dice? A ver, cuénteme”. El problema con los comecocos como Ud. es que tienen mucho libro pero poca calle y menos sexo, le contesté yo, porque si usted hubiera visto el orto de esta pendeja, la Luli Fernández, no me estaría preguntando nada salvo el teléfono de la mina. O mejor dicho, me estaría haciendo las preguntas que son realmente clave, como por ejemplo cómo me sentí cuando le separé los cantos y se la mandé guardar. “Pare acá, usted está confesando luli fernandezhaberla violado, porque la señorita Fernández dice que Ud. nunca tuvo su consentimiento.” Qué pelotudo el manya cocos éste, cómo me va a acusar de no haber tenido sentimiento, si entrar en esa cola fue lo más lindo que me pasó. Mire doctor, yo la traté de primera, inclusive cuando vi que le dolía le repartí unos besos por el cuello y la oreja, porque soy un tipo cariñoso, pero cuando le quise comer la boca la pendeja se puso arisca. O sea, es ella la que no mostró un sentimiento, para mi debe ser medio frígida. “Pero Ud. la estaba forzando” dice el tordo, “porque la señorita no estaba con Ud. por su propia voluntad”. El tordo no cazaba un fulbo, pensaba que Luli Fernández es una pendeja de su hogar, por eso lo tuve que avivar un poco. “Escúcheme una situación doctor, si usted de repente ve una bestia como Luli en tetas y abierta de gambas mostrando la figaza y que luli fernandezmira para atrás como pidiendo metanmelán, Ud. no se la re culea?”, le pregunté al psiquiatra forense para ver si se avivaba de que Luli Fernández es una atorrantita de barrio que le gusta la pija y yo soy inocente toal. “Ud. se refiere a las fotos de Luli Fernández de reciente publicación?” preguntó el tordo que seguía sin captar. “Pero doctor, a usted nunca una mina le tiró una indirecta? Mire las fotos, si se fija bien, va a ver que Luli en la foto me estaba mirando a mi, y no le pude decir que no a ese ojete, es una manteca!”. Luli Fernández, una nena para el crimen.

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Luli Fernández posa como más le gusta, con el cucurucho en la mano y las piernas abiertas. Pronto va a dejar de ser sub-20 y tendrá que pelotear en primera división. “No me preguntes si trago o escupo”, advierte Luli Fernández, “porque no tiene nada que ver”. Igual, a juzar por el helado, la nena debe tragar lácteos a fondo.

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Luli Fernández, qué grande está la nena!

Luli Fernández

Luli Fernández nos ayuda a pasar el invierno con un par de tetas que dan miedo y una apertura de piernas que es para soñar con empomarla mal. La “nena” cuenta que eligió la carrera de modelo porque “si seguía Derecho tardaba cinco años mínimo en ganar lo que gano hoy a los 19 años ”. Y si, barato no debe cobrar.

Luli Fernandez

Guarda con los mini alfajores de Luli Fernández, se nota que son de chocolate. Divina la péndex.

Luli Fernández es una muy buena presa para las fieras que buscan desesperadas algo de carne fresca. Con esa carita entre inocente y tramposa, esos pechos jugosos y esa colita de nena todavía sin baquetear, es la víctima ideal para cualquier vampiro que quiere corromper lolitas. Para que te ubiques: la nena tiene 19 años y recién terminó la secundaria, es una auténtica Sub-20, un grupo etáreo escaso entre las famosas. “Recién terminé el colegio, finalmente rendí todas las materias en diciembre”, dice Luli y tu mente de degeneradito inmediatamente la imagina vestida con el uniforme de la secundaria. “En el plano escolar aprobé todo, así que estoy re liberada!”, exclama ella como diciendo “tengo 19 años pero ni un pelo de inocente”. Y si, obvio, porque no nos olvidemos que “la nena” está poniendo el culo en fotos eróticas. No te hagás el distraído que te late la garcha de ganas Luli Fernandezde levantarle la pollerita tableada roja, correrle a un costado la bombachita blanca y darle masa a esa almeja tiernita. Y con Luli hay buenas posibilidades de que acepte especialmente si sos un degeneradito grande. “Y si, me gustan los hombres más grandes”, dice Luli como recordando las que hizo con Mick Jagger con apenas 16 años. “Qué se yo, es casualidad. Creo que no los elijo yo, me toca conocer chicos más grandes y como todo, tiene positivo y lo negativo.” Tiene razón, hay pro y contra en todo. Ponele que Luli se pone el uniforme del colegio y para seguir la onda colegial te la cogés en el baño de McDonald’s. Lo positivo: que a Luli le va a quedar la Cajeta Feliz. Lo negativo: que el cono de vainilla le va a dejar el orto abierto y rojo como la boca de Ronald McDonald. “Soy súper pasional y zarpada en todo lo que hago”, dice Luli, y con la manera en que se abre de gambas en la foto de arriba, es como para creerle. Ponete el uniforme del cole Luli, que llegó el profe y te va a a enseñar algunas cositas nuevas.

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Luli Fernandez

Luli Fernández hace un par de años atrás aseguraba que no había entregado la cola, que “se la reservaba” para más adelante. Ahora dice que si está de novia se entrega “sin límites”. Y sí, con 19 años ya debe tener el rosquete bastante estirado.

Luli Fernandez

Muy linda pose de Luli Fernández como para que te la haga igualita pero sobre la pija.

La clave para entrarle a Lucía es empedarla dándole le tomar. “Me motivo tomando algo, el alcohol me pone cariñosa”, instruye Luli sobre cómo hacer para culelarla, “así me incentivo para algo tierno y después que se dé algo más salvaje”. Qué bueno que le guste lo salvaje, porque Luli está para el crimen. En este Buenos Aires con noches de frío, niebla y hasta nieve da para esperarla en un callejón oscuro y atacarla tipo Cacho el Destripador, apuñalarla con el cuchillo de carne hasta partirla al medio. Y a la nena le va a gustar la onda, porque le gusta lo imprevisto, lo excitante. “Es que cuando se premedita tanto se convierte en un embole”, dice Luli, “porque cuando hay piel las cosas surgen, se dan espontáneamente y no hay límites”. Esa es receta con Luli, dale un poco de alcohol (preparale un Speed bien Luli Fernandezcargadito de vodka y aflojale los cantos) y sorprendela con juegos eróticos que se enamora. “Cuando me pongo de novia lo hago de verdad, no ando dando vueltas, soy tu novia y me entrego a fondo”. Igual, por más que diga que se entrega a fondo y sin límites, Luli tiene cosas de nena, como no querer que la vieran desnuda. “Antes me daba un poco de vergüenza que me vieran desnuda”, cuenta la inocente Luli, que dice que en general tarda en entrar en confianza. Pero claro, vió billetes y se sacó la ropa volando. “Si yo seguía en el colegio y estudiaba Derecho, iba a tardar como mínimo cinco años en ganar lo que gano ahora”, explica la nenita deslumbrada por los billetes. “Y eso siempre y cuando llegara a ser una tremenda abogada, en cambio ahora soy famosa. Estoy tocada por una varita mágica”. No te confundas Luli, lo que te “tocó” no era una “varita mágica” sino una barra de carne grossa.

Luli Fernández recaliente en la nieve

Luli Fernandez

Luli Fernández tiene un fuego interno que le permite estar en la nieve y no necesitar casi nada de ropa, apenas la bikini nomás. La nena arrancó como secretaria de Rozín y se hizo “famosa” con el incidente Mick Jagger. Desde entonces muestra sus firmes carnes en todas las carnicerías del país.

Luli Fernandez

Luli Fernández derrite la nieve en el sur con el fuego interior de sus muy cortos 18 añitos. Quiere que la cocinen en su casa.

Luli Fernández no tiene pizca de frío, para nada, y eso que tiene esa bendita costumbre de ir a la nieve a hacer snowboard en bikini, algo que esta indicando que la chica por adentro esta recaliente. La explicación para la bikini en la nieve tiene que ser esa, que la nena tiene una calentura interior tan grossa que con la escasísima tela de la bikini le alcanza para estar en la nieve. Maria Lucila Fernández tiene el fuego interior, pero aclara que no es ninguna descocada, así que por favor todos los que la ven desplegando toda su carne en gélidos paramos sáquense de la cabeza cualquier idea que puedan tener de la que la nena es rápida. “Con los hombres soy canchera pero no ligera”, dice Luli con una inocencia estudiada que contrasta con su lomazo de 91 61 90 (que el busto es comprado, pero la queda diez puntos). Dice que Luli Fernandez y su cola en la nievele gustan los tipos grandes, aunque Mick Jagger era excesivamente mayor. “Me gustan mas grandes que yo”, dice Luli y hay que recordar que no es difícil ser tener mas anos que ella, puesto que tiene apenas 18 anitos (ay ay ay). “Los tipos de entre 25 y 35 anos son los que mas me gustan”, continua explicando y las fantasías vuelan, como la del Hombre de la Barra de Hielo, que se venia haciendo la película con Chechu Bonelli y Alejandra Martínez. “Descorchar un tubito de Navarro Correas Syrah”, dice este Iceman en el comentario y aclara que esta hablando del vinito de Colección Privada, algo siempre apropiado cuando uno prepara el terreno para alguna ninfa que valga la pena (a las atorrantas de cuarta les das tetra en copa y no se avivan, tienen el paladar anestesiado por la sal de toda la leche que tragaron).

Luli Fernandez derrite la nieve

Atención con los tremendos globos de Luli Fernández en esta foto, evidentemente las empresas que fabrican siliconas están llenándose de guita mal. Pero a diferencia de los implantes, hay un detalle en la foto que es natural: mirá la apertura que se adivina en su tanga blanca, parece la entrada de la estación Avenida de los Incas del Subte B, algo impresionante para sus 18 años.

Luli Fernandez

Luli Fernández en cada producción de fotos va cambiando de look, al punto que cuesta ya reconocerla con su look.

Iceman cree que “el lugar podría ser alguna cabaña al pie del Cerro Castor (Ushuaia), en un atardecer nublado luego de una intensa nevada”, dice el notibloguero en su comentario. Fiel a su naturaleza polar, el Hombre de la Barra de Hielo se imagina “afuera, mucho frío. Temperatura por debajo de cero grado”. Por eso la acción se da en interiores, refugiados del intenso frío, segun cuenta el notibloguero — escuchemos. “Adentro, un hogar con leña quemándose muy lentamente con una luz muy tenue que apenas ilumina la habitación. Acompañantes… si, ni hablar. La Chechu Bonelli y la perra cordobesa Ale Martínez con una ganas locas que le den caña. Y mientras uno degusta un rico vinito y se prepara para darles salsa observa como las nenas se van poniendo en clima tocándose cariñosamente y lubricándose las rajitas utilizando como herramientas: lengua y dedos.” El Hombre de la Barra de Hielo cierra su fantasía sexual preguntando “Qué ás se puede pedir?”. Y si bien el encuentro es mortal, siempre se puede mejorar: Iceman no sabía que a su noche soñada se iba a poner todavía mejor con el agregado de nada menos que Luli Fernández, la chica que vino de la nieve. Se ratoneó con Ale y la Chechu, y de repente le cayó Luli como extra ball, y realmente necesitaría unas bolas extras para poder abastecer con leche fresca la sed de estas tres atorrantas de primer nivel.

Luli Fernandez

Luli Fernández en otra pose apta para derretir el hielo y con ángulo donde se destacan las tremendas ubres de siliconas que compró y una especie de doble firewall de bombacha y tanga, un intento inútil de proteger el castigo que le espera en toda esa zona, que por otra parte era exactamente lo que tenía en mente cuando te invitó a que “le cocinaras en su casa”. Una bebota impresionante.

Luli Fernandez

Divina Luli y su bikini en la nieve, muy refrescante y un hermoso pavito para hacérselo a fondo.

Cuando Rigoletto en la ópera anuncia a los gritos que “la donna é mobile qual piuma al vento, muta d’accento e di pensiero”, no está jodiendo, es verdad. Las mujeres son cambiantes, difíciles de entender, complejas en sus deseos. Y a pesar de tener apenas 18 años, Luli no es una excepción. “No me interesa el billete en los hombres” dice Luli yendo contra el ya clásico “billetera mata galán”. Claro que si tuviéramos un dólar por cada modelito que dice que no le interesa la plata, seriamos millonarios y ahí automáticamente saldríamos con una modelo, lo cual es irónico. “Pero tampoco quiero que me lleven a comer a un restaurante carísimo”, agrega Luli y uno queda realmente confundido, como el cuento del tipo que paraba en una esquina de la Avenida Corrientes sin brazos ni piernas con un cartel que decía “No quiero ni pan ni trabajo”. A pesar del cartel, siempre alguna mujer se acercaba conmovida para tirarle unos mangos, pero el tipo rechazaba la plata diciendo “Le agradezco señora, pero no quiero ni pan ni Luli Fernandeztrabajo”. Y la tipa guardaba el billete y preguntaba sorprendida “Pero dígame, entonces qué quiere?”. Y el lisiado siempre contestaba igual, “que me chupen la pija”, decía con una sonrisita endemoniada. Luli es un caso parecido cuando afirma que de los hombres no quiere plata ni cenas caras: querrá que le chupen la figacita (atención que con esos 18 años debe ser una medialunita deliciosa para comer mojadita). “Prefiero que me cocinen en casa”, dice Luli y da para un fuerte “Chán!”. Todos sabemos lo que significa cuando te invita a que le cocines en su propia casa: seguramente quiere que le hagas el pavo en su propio depto (en otras casas no esta cómoda, pero en la propia entrega todo). Luli asegura que “son las pequeñas cosas las que me enamoran”, pero Notiblog te recomienda que siempre que vayas a cocinar a una mina en su casa, te conviene caer con la cosa más grande que tengas, como sugiere el tajo que se adivina en la foto donde está en la nieve con las gambas abiertas.

   
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