Dallys Ferreira pela pochas paraguayas
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Dallys Ferreira dice que tiene la cola invicta. Mirá la ProctoCam y sacá tu propia conclusión. |
Cansado de kekos baratos, decidiste subir el nivel: de saquito y camisa blanca alquilaste un Mercedes clásico sin capota para hacer la farsa del “empresario” y salir de rotation por Recoleta. “Si las turras quieren ver guita, vergota tendrán” te prometiste mientras el Mercho bajaba glorioso por Libertador como un caballo de metal olfateando yeguas perfumadas al final del mágico asfalto a las tres de la matina de un jueves caluroso. Semáforo rojo, no había nadie pero paraste igual para matar lo que quedaba de la botella de mezcal y llegar al gusano. “Si la hacemos vamos a hacerla bien”
pensaste mientras sacabas rodaja de limón y el salero de la guantera. Chupar la sal en la cuenca del pulgar no logró amortiguar el sorprendente amargor del mezcal, que te hizo hervir la sangre al bajar como un fuego por la tráquea y tuviste que cerrar los ojos mientras masticabas el gusano y mordías el limón. Esta es la parte que siempre te preguntan cómo fue, pero lo que vos recordás es que abriste los ojos y tenías dos terribles turras en tetas, una enjabonándote el parabrisas con un limpiavidrios y otra limpiándote la pija con la boca. “Me gustan las fantasías” te dijo la rubia a modo de explicación con un acento paraguayo mientras vos sonreías todavía con la rodaja de limón en la boca tipo protector bucal de
boxeador. “Me gusta cambiar de lugar, porque estar todo el tiempo en la cama es muy reiterativo” seguía diciendo la limpiavidrios guaraní mientras te manoteaba el ganso ansiosa, “me gusta mucho ir probando, tengo varios lugares raros para hacerlo, está bueno jugar con las fantasías.” Claro que viendo ahora las fotos de Dallys Ferreira en topless te cuesta reconocerla como la petera limpiavidrios del flash de mezcal, porque las tetas antes eran más chicas, casi de pendeja. “La cola me la dió la naturaleza” dice Dallys reconociendo indirectamente que los pechos actuales son comprados, “no hay secretos con la cola, yo simplemente le puse un poco de ejercicio.” Y vos le pusiste la botella de mezcal y el gusano de carne en el orto esa noche, algo que la paraguaya niega. “En la cama soy jugadora de toda la
cancha, pero el arco de atrás todavía no está habilitado” dice Dallys Ferreira. Lástima que no puedas bajar a disco la imagen de la botella de mezcal metida el arco guaraní que tenés en la mente, que sería de alta calidad porque el vidrio era transparente. En lo que dice la verdad la paraguaya es que le gusta que la sometan. “Me gusta que me agarren y me dominen” dice caliente la guaraní, “por eso necesito un machote que sea bien hombre y me diga ‘vení yegua’ y esa onda.” Es brava Dallys, inclusive le cabe la onda sado, como descubriste esa noche donde te volteó no sólo a vos sino también al convertible al sentarse arriba de la palanca de cambios y hacerle el ascensor — terrible cómo brillaba la palanca del mercho con el jugo de naranja de la paraguaya. Dallys Ferreira dice que es “un infierno para los hombres”, porque los maneja “como quiero, los llevo hasta el extremo sexual y luego los hago explotar de placer”. Avisen con el poporembó explosivo!
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