Claudia Albertario desnuda en Playboy
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Albertario entrega patys por guita, algo que ya hizo antes. “Trabajé en McDonald’s” dice jocosa, “y me compré un auto.” |
Como si la intensidad de su propio deseo le diera más pudor que su cuerpo desnudo, Claudia Albertario mira a un costado para evitar que sus ojos delaten cuánto disfruta de calentar pelando. “El desnudo de Playboy fue un regalo para mí” dice con la entusiasmada putez del clásico ‘Uy, cómo estoy!’ que la hizo famosa, “me dije, ‘me tiro una tapita de Playboy, una conejardi’, quiero salir desnuda en esta súper revista.” Y si estabas pensando en cepillarle la concha, lamentablemente los photoshopistas del
conejo te ganaron de mano, pero no por putos sino por contrato. “Acordamos un desnudo completo a excepción del Monte de Venus que es como le llaman ellos técnicamente a la chochona” dice la petisa, “pero disfruté mucho la producción, me sentí muy cómoda en mi primer desnudo en el país a pesar de que el fotógrafo y el asistente no eran gays… traté de no pensar en eso porque sino se nota en las fotos, pero estuvo muy bueno.” Y si bien no peló figazza, Albertario cobró guita a cambio de esos patys, algo que justamente había hecho en su primer trabajo. “Yo empecé trabajando en McDonald’s” dice Claudita, “me anoté con una amiga medio en joda
porque me quería comprar un auto.” La única manera de comprar un auto laburando en McDonalds es vendiendo carne propia después de hora, pero Albertario niega los cargos. “Propuestas de gente importante siempre tuve” reconoce Albertario, “pero siempre las rechacé, nunca necesité hacer algo con alguien para tener plata, aunque hice de todo para ganar dinero… los perversos y mal pensados se van a reír cuando les diga que empecé animando fiestitas infantiles!” Y si querés que te anime tu fiestita adulta, la billetera es lo de menos. “Los hombres me atraen por actitud o personalidad, me mata una buena conversación” asegura la petisa, “pero nunca me fijo en el
dinero o en lo exterior.” Y tampoco botinea, como descubrió Forlán antes de anotar con Zaira Nara. “Con Diego tomamos unas copas y al final me invitó a subir a su casa” recuerda Claudia, “pero no acepté porque no soy una botinera de esas se cuelgan del primer jugador que le presentan.” Y si bien la cola de Claudita no tiene precio, claramente tiene un valor. “Todo pasa por hacerse valer” insiste la petisa mientras pone el orto a cambio de los dólares del conejo, “si entrego todo lo tenés que valorar, yo se lo soy capaz de dar.”
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