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A Cecilia Oviedo la tenés, pero no de ahora que se habla de ella por haber sido “la novia” de la Tota Santillán, sino de antes, de los kekos y cabarulos que frecuentabas, te acordás? Ahora está distinta porque se tuneó la jeta, pero el orto es el que vos conocés e hiciste por poca guita. La rubia es gato y no le molesta que se lo digan en la cara. “Si me enojara por todas las cosas que me dicen, no trabajaría de esto.” Una personalidad tan abierta como el orto.
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La colectora de Cecilia Oviedo es récord: de noche recauda más peaje que las autopistas de Buenos Aires. No te hagás el boludo que tenés el abono!
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Guarda que cuando Cecilia Oviedo te pone el ojete no está simplemente posando para una foto como la típica famosa. Como saben todos los que alguna vez se dieron una vuelta “por la noche” de Baires, cuando esta rubia saca culo y te mira fijo no es un amague, sino una oferta concreta para ir a los bifes. La propuesta de la petisa no es calentar desde las fotos, o hacerse como otras la diva parapetada detrás del fotoshop — a Cecilia Oviedo es para verla en el show con la cola ardiendo en el risco y ahí vas a cantar como Juanse “espero que alguna vez, al ver tus ojos me des alguna noche de hotel”. Y lo mejor de todo es que
con Cecilia Oviedo “alguna vez” es ya mismo, testeá la mercadería, acariciala, porque como dice el tema, la rubia es como un gato siamés, y se hace cargo. “No me jode ni me ofende para nada que me digan gato” dice Ceci con esa voz dulce pero firme de las profesionales. “La verdad, ya me acostumbré.” La rubia acostumbra a estar en cualquier cabarulo donde pueda ganar guita con su peculiar trabajo. “Mira, en un cabaret están las chicas que trabajan en la sala y las que laburan en la tarima — yo bailo nomás” se ataja Cecilia porque una cosa es estar acostumbrada a que le digan gato, y otra aceptar serlo. “En el cabaret o estás de un lado, o estás del otro… porque es muy complicado hacer las dos cosas al mismo tiempo.” Bueno Ceci, claro, nadie te pide que bailes en el caño y además petees a la
audiencia. “Que quién hace más guita? Y, depende del cabaret donde trabajes”, explica Ceci de los asuntos dinerarios, “en donde estoy yo se maneja así: un sueldo fijo más la propina que ganás bailando para cada mesa”. Y si, Cecilia Oviedo Baila por tu Sueño pero en serio, ella te puede hacer realidad tu fantasía partuzienta, porque cuando tenés esos pechos cerca, en tu boca no hay control, vas a ir cayendo a sus pies. “Son grandes mis pechos no? La
verdad no sé ya con qué taparlos” dice con gatuna inocencia la rubia y agrega presuntuosa “a veces me incomoda un poco tanta mirada”. Y Cecilia, convengamos que si te vas a enroscar en bolas en el palo enjabonado no podés sorprenderte por “tanta mirada”, pero juguemos. “Bueno, en realidad es lindo sentir que atraés a los hombres… me excita ver a los hombres mirándome por la calle.” Ahí está, eso explica la profesión felina, a la guacha le excita que los hombres la miren, y no sería raro que lo que en realidad “enjabona” al palo sea la lubricación de la excitada rubia, que al enroscar la figazza lustra el caño de bronce mejor que una pulida con Brasso.
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Cecilia Oviedo posa con la cara pre-tuning en la posición que más le gusta, lista para recibir lo que vos quieras darle. “Lo que está pasando con el país es re jodido”, dice la rubia preocupada, “va a subir el dólar y cosas como la carne también”. Hablará de su carne? Por las dudas cogela antes del aumento.
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Cecilia Oviedo dice que sólo baila, pero el barbeito testea la mercadería antes de comprar.
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Cuánto cuesta que Cecilia Oviedo te haga una pulida en tu caño? “En el cabaret llego a sacar entre 300 y 400 pesos por día”, dice la rubia con esa facilidad para fingir que tienen las chicas de la noche, “inclusive hubo veces que me llevé cincuenta pesos!” La picarona no incluye lo que se lleva del telo más tarde, pero igual lo que saca del cabaret a puro baile de caño puede ser buena guita, especialmente si viene algún gil extranjero que no entiende la mecánica. “Lo máximo que me pusieron en el corpiño fueron dos mil quinientos mangos”, cuenta Cecilia como para moderar el bolaso de los
50 pesos por noche, “era un mexicano que me llenó toda de plata”. Igual, Cecilia cuenta que negocios en la noche hay muchos. “Según mi experiencia, la droga que más se vende en la noche es el éxtasis, es lo que más se ve hoy en día”, dice Cecilia y tenemos que suponer que esto se lo contaron, “ah, y cocaína también, por supuesto.” Se sabe que a los gatos no les gusta el agua, pero aparentemente tampoco el frío. “Me gusta más el verano que el invierno”, explica la rubia “porque en verano puedo estar con poca ropa y así se luce más mi cuerpo”. Es lógico, con el
frío es más difícil mostrar la mercadería pero igual Ceci se las arregla porque “por suerte me miran todo el cuerpo, creo que les gusto cuando voy y cuando vengo también”. Tanta confianza tiene Oviedo en sus artes amatorias que hasta da una especie de garantía de satisfacción para aquellos que se hacen los duros tipo “no me gusta este gato”. “No conocí hombres que se me resistan” dice con la seguridad de una profesional, “de todos modos si me llegara a pasar, tengo armas para convencerlos”. Vieja, poné la tarasca y tomá el servicio, que a este gato le encanta tomar la leche!