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Carolina Molinari y su negra rajadura

Carolina Molinari

Carolina Molinari es flor de diablita, la va de “mosquita muerta”, niega todo romance con Nacho Herrero, el esposo de Nicole Neumann, y en general la va como que en materia sexual es una chica muy discreta. Pero las fotos cuentan otra historia, como el personaje de mucamita que hace en Palermo Hollywood Hotel.

Carolina Molinari

Un lomazo el de Carolina Molinari, una chica que lucha contra la reputación de tontas que tienen las modelos aclarando que se recibió de abogada. Chupelá, doctora.

Mirando las fotos de Carolina Molinari te surge inmediatamente una duda (la podonga, claro, pero además) para comprobar si el sexo que vende desde las poses tiene o no sustento en la vida real. Las imágenes normalmente tienen mucha información, especialmente si uno las mira no con los ojos sino con la intuición. Carolina es un caso para esos detectives yanquis de antes que atienden en una oficina desvencijada y cuando ponen los pies sobre el escritorio se nota que tienen agujeros en la suela de los zapatos. Justamente, la pregunta es qué hace Carolina con sus agujeros? Quizás sus túneles privados estarán gastados como las suelas de los timbos de Whiskas, el detective que ahora hojea sus fotos tratando de adivinar en algún gesto si Carolina Molinarirealmente esa morocha esta saliendo con el esposo de su clienta. A este detective en blanco y negro lo contrató una Nicole Neumann en colores. La rubia apareció fumando con una larga boquilla y guantes blancos hasta el codo. “Quiero que averigües si mi esposo sale con Carolina, la turra de las fotos”, dice la rubia con esa voz afónica que les queda a las minas que acaban seguido y a los gritos. Y el detective pregunta “todavía lo querés, no es cierto?”. Pero la rubia gélida contesta “para nada, si fui yo la que lo cagué primero con Fabián Cubero”. El detective se tira el sombrero para atrás como para despejar la mente y pregunta “para qué averiguar lo que hace con su vida entonces?”. “Porque me molesta la idea de que otras minas le chupen la pija a quien todavía sigue siendo mi esposo”, contestó la rubia al tiempo que con el dedo se limpia la comisura de la boca, como si tuviera miedo que en su boca haya quedado un resto lechoso o le preocupara que Carolina tuviera restos de Nacho. El detective continúa mirando las fotos de Molinari y las va Carolina Molinaridesparramando sobre el escritorio como si estuviera leyendo el tarot. “Es una turra de barrio”, dice el sabueso, “trató de caretearla al sacarse las fotos, pero se la ve atorranta, y en esta foto hay un detalle muy revelador…”. “Obvio, para estar con Nacho tiene que ser flor de trola, te lo digo yo que soy la esposa” interrumple Nicole tirándole el humo en la cara al detective. “Pará loca, estás fumando un faso en boquilla a las tres de la tarde?” pregunta alarmado Whiskas al notar el olor a pasto perfumado. “Si, Carolina Molinariya le dije a Tognetti en el reportaje de TV qu efumo porro, no es un secreto”, dice la rubia y agrega “cómo era tu nombre?”. “Mi nombre es Wenceslao, pero todos me dicen Whiskas”, dice el detective, “y por favor no me llames detective, soy investigador privado”. “Qué ibas a decir Whiskas de la foto de la turra esta?” pregunta Nicole con desdén. “Mirá la foto de fondo rojo donde está acostada mostrando el orto”, dice Whiskas a Nicole, “fijate como tiene la tanguita metida, esa rayita negra”. Nicole mira la foto de cerca y manda “pero esta turra tiene la cola recontra hecha, para que se le meta así en el orto!”.

carolina molinari

Mirá bien esta foto de Carolina Molinari, especialmente en la tanga que se mete dentro de la cola. Expandí la foto, y fijate que hay una raya negra que está marcando una entrada muy baqueteada, que desmiente la onda que la morocha quiere presentar como de mina poco sexual y tranquila. La vendió la raja abierta.

carolina molinari

Buena cola y una cara de reasgos fuertes que cambia bastante con las distintas fotos. Es tan puritana como la vende, o una trampa total?

Mientras tanto, a varios kilómetros de la oficina de Whiskas, Carolina Molinari esta dando su cuarto reportaje del día. “Nunca saldría con un casado” dice la morocha y cuando parece que queda claro que con Nacho no tendría nada, agrega “pero con un separado no tengo problema”. “Ser amante es lo menos”, explica Carolina al perplejo periodista, “porque es un papel tristón, siempre estas esperando, a ver cuando el tipo que esta con otra puede escaparse y estar con vos”. Una escapada es lo que hizo Nacho justamente cuando fue a ver a Molinari en “Esta Noche No, Querida” en el teatro. “Es un chico buen mozo”, admite ella, “pero no estamos saliendo”. “Lo vi dos veces, una vez un viernes cuando lo invite a ver la obra y otra el día del estreno, después nunca mas”. El periodista le dice que la realidad es que la vieron irse del teatro con Nacho, y seria raro que no haya “pasado” nada. “La verdad es que no estoy con el, una vez me Carolina Molinarialcanzo hasta un lugar y después de fue. Nacho me cae muy bien y lo conozco desde hace bastante tiempo, por nuestro trabajo como modelos.” ‘Ah listo, Nacho es modelo ahora?’ pensó el periodista y le dieron ganas de irse a la mierda, pero el tipo tiene que volver a la redacción con algún dato sexual de la morocha y decidió aguantar. “Pero que regalo le vas a hacer a la revista Hombre?, que nos vas a contar?”, dice el periodista ya sonando desesperado y agrego “porque hasta ahora pareces aburrida”. “Soy común” admitió Molinari, “a veces prefiero arriba, otras veces abajo”. O sea, un embole total. Pero algo debe esconder (además de la tela de la tanga en el ojete) la carolina molinarimorocha, porque mas allá del supuesto amorío con Nacho, el que la va de ‘novio’ oficial de Carolina es Mariano “El Toro” Pavone, delantero de Estudiantes. Antes había salido con Juan Gil Navarro (que de su segundo nombre no tiene nada), un tipo conocido pero naturalmente no había conseguido la prensa que tuvo al quedar involucrada junto a Nicole, Fabián Cubero y Nacho Herrero. La explosividad del ese cuarteto da como para actualizar los dichos, ya que “Neumann coge a ojo de buen Cubero, y “En casa de Herrero, Molinari se come el palo”.

Carolina Molinari

Atención con la manera en que la cola de Carolina Molinari se proyecta hacia afuera, arma prácticamente un estante donde podés apoyar algún drink. Tremendos labios, quizás realzados con siliconas pero muy de perrita sensual.

Carolina Molinari

No parece, pero es Carolina Molinari nuevamente. Acá la cara parece de una mina mucho más grande que la de la foto sacando cola de arriba. Bien por la apertura de gambas.

Como todas las modelos, Carolina invierte buena cantidad de tiempo en “demostrar” que no es ninguna pelotuda. “Pensaron que era una modelo tonta y se equivocaron”, dice desafiante. “Estudié Derecho y me recibí de abogada”, dice con orgullo, aunque después devalúa su propio título al remarcar que “la facultad está llena de tontos”. La abogada la va de tranquila pero es escondedora, una característica que por si sola ya hace sonar la alarma de mina trampa. “Jamás voy a decir cuántos pasaron por mi vida, jamás” dice la morocha con una pasión que desmiente la onda mosquita muerta que quiere vender. “Me lo guardo porque algunas cosas hay que mantenerlas así”, por supuesto Carolina, vamos a ver si cuando te la mandemos a guardar la vas a poder mantener. A pesar de su promesa de silencio, Carolina Molinari terminó soltando algunos datos sobre su vida sexual, y confesó que tiene una obsesión por las bombachas y los corpiños. “Compro mucha ropa interior”, dice la morocha, “porque para tener sexo me cabe dejármela puesta”. Si bebé, sí, justamente nosotros queremos dejártela puesta, mirá qué coincidencia, somos el Carolina Molinariuno para el otro. La confesión es una fisura en el blindaje asexuado que quería vender, una rajadura como la que nos imaginamos debe tener. “Las variantes de la ropa interior que compro son mas o menos cola less”, dice Carolina y nos recuerda el hallazgo fotográfico de Whiskas, con la tanguita metida hasta la garganta. La mucamita de Palermo Hollywood Hotel mostró su hilacha de viciosa, de turrita que le gusta que se la claven corriéndole la bombacha a un costado. Y eso explica también porqué tiene que comprar tantas bombachitas: es porque las bombachas se estropean o directamente se rompen con el tironeo de correrla al costado (o de tirarla para arriba para que se le meta la tela hasta la manija). La Dra. Molinari terminó siendo flor de turrita, como había indicado la intuición del detective Whiskas.