Belén Giménez, jujeña timbres de acero
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Belén Giménez sabe que falta de pan, buenas son tortas. |
La jujeña Belén Giménez se ganaba la vida ordeñando cabras en los cerros de Purmamarca, hasta que un día se hizo una pregunta que la llevaría a cambiar las pasturas norteñas por partuzas porteñas. “Si las cabras viven de sus tetas, porqué no puedo yo vivir de las mías, que además son mucho más grandes?” se preguntó Belén con impecable lógica turrística. La pastorcita pasó de ordeñar las cabras jujeñas a sacar la leche a los porteños, y de la mano del Ruso Sofovich las luces de los estudios de
televisión reemplazaron el sol de Purmamarca. Ya no laburaba de día sino de noche, y el cambio fue positivo. “Es que me encanta verme bien, usar lenceria y estar combinada” explica Giménez. “Tengo varios disfraces, de enfermera, mucamita, de gatúbela” agrega entusiasmada por los cambios de vestuario en su nueva profesión. La jujeña gusta de posar con la boca abierta en actitud petera, pero ojo que no siempre es ella la que se traga los lácteos. “Una vez me llenaron el cuerpo de helado de vainilla, limón y chocolate” recuerda la rubia y si bien no aclara dónde le desparramaron la crema, es fácil imaginar la crema helada derritiéndose en esas impresionantes tetas
y la crema caliente chorreándole en esa colita — fijate en la foto de la izquierda cómo se baja la bombachita para vos. La ventanita del amor de la jujeña te espera con las cortinas de bife abiertas, pero por favor no bardees invitando amigos, porque por ahora sólo atiende un pibe por vez. “Es que todavía no estoy lista para bancarme dos hombres en la cama al mismo tiempo” dice la jujeña como disculpándose de no tener ese servicio disponible todavía. Pero no importa, porque Belén Giménez está dispuesta a compensarte con un trío mucho mejor: te espera con Andrea Rincón para armar una tortilla de papos — completá la receta poniendo los huevos!
Bajate el video de Belén Giménez
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