Amalia Granata atiende por la puerta trasera
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Amalia Granata dijo alguna vez que no quería que “el país esté hablando de mis tetas”. Cambió de opinión. |
Puede que Amalia Granata no atienda los dos teléfonos como para armar una tortilla party, pero en este momento atiende el tuyo y con eso te alcanza. Te alcanza y te sobra, porque ese pavo está brutal, es una locura y justifica la tuya al agarrarla de los pelos y estamparla contra la pared en lo que podría ser perfectamente una escena de una película porno de los años 70, porque la cara de Amalia parece de esa época, como la de Susana Giménez en el “shock” que la hizo famosa. Claro que el “shock” se lo va a comer Granata cuando le destapes esa suculenta colita con la sopapa de carne, aunque vas a tener que ser muy creativo para sorprender verdaderamente a la rubia, que confiesa por esa cola pasó todo Rosario incluyendo al
monumento a la bandera. “No me queda nada virgen, es la verdad” dice Amalia quebrando la espalda para sacar ese orto que parece mejorar con cada pijazo. “Ya no tengo nada virgen y la cola tampoco” dice Amalia con esa boca que parece abierta 24 horas como un cajero automático, siempre lista para recibir depósitos lácteos. “Porque para mí la cola no es tabú, sino todo lo contrario” agrega mientras vuelve a mostrar el pavo y se lleva el teléfono a la boca en lo que parece un ataque de ansiedad oral que también va a ser escrita cuando le firmes con leche la espalda al lado del tatuaje que tiene arriba del orto como si fuera una patente de viciosa. “Para mí en el sexo nada está prohibido” sigue explicando Granata en lo que podría ser el mismo argumento de venta que
escucharon Robbie Williams y el Ogro Fabbiani antes de dejar su contribución, “la masturbación femenina tampoco es tabú, me la hago cada vez que tengo ganas.” Es que una cola como la de Granata necesita tres comidas diarias con una estricta dieta de huevos, leche y carne en barra, porque sino se tiene que sacar el hambre ella misma. “Yo me toco cuando tengo ganas” dice Granata y vos tenés ganas de invitarla a que te muestre, “porque las que dicen que no se tocan, mienten o no saben lo que se pierden.” Porque justamente si hay algo que Amalia Granata no quiere es perderse de nada, y por eso está con ganas de “perderse” una toronja mecánica en esa terrible cotorra. “A veces me dan ganas de probar con un consolador” dice la rosarigasina, “porque mis amigas dicen que cuando lo conocés ya no querés saber más nada con los hombres!”. A menos que le den un puñado de dólares.
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