Adabel Guerrero, felino asesino
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Adabel Guerrero se tienta con su propia cola, fijate cómo se cuela dedos entre las cachas. |
La rubia levanta los brazos para que le veas esas dos hermosas tetas en toda su gloria y te mira fijo como si su única ambición fuera tenerte entre sus piernas abiertas. Parece una presa fácil para un depredador nocturno como vos, pero más te vale que tomes precauciones si no querés terminar vos como víctima de esta bestia peligrosa. “Tienen que tener cuidado porque en la vida soy una fiera” dice Adabel Guerrero a modo de advertencia mientras se lleva la punta del meñique al labio en un petero doble mensaje. La rubia es un gato, sí, pero de una variedad salvaje difícil de domesticar. “Soy una felina que está siempre agazapada lista para la próxima presa” explica Adabel entre viciosa y divertida, “espero el momento óptimo para atacar”. Y más vale
que le creas, porque la rubia es una golosa de la pija y conoce las técnicas para masticártela como si fuera un cucurucho de vainilla. “Si como helado y tengo la boca fría te puedo hacer sentir sensaciones diferentes” promete la rubia como consumada artista del pete y agrega, “estoy segura que te va a encantar”. Cuando Adabel Guerrero era chica y le agarraba un berrinche, los padres le compraban una bananita Dolca para calmarla y ya de adulta le quedó la sana costumbre de comerse el plátano de carne bañado en chocolate. “Me encanta derretir chocolate en mi boca y pasarlo por los dedos y otras partes de él” dice Adabel como si se le hiciera agua la boca y el papo de sólo pensarlo. Pero no creas que por
ser la afortunada presa de este felino salvaje vas a poder hacerte el muertito o tirarte a chanta. “En el sexo soy re exigente, a mí me gusta que el hombre labure en la cama, que se ponga las pilas” dice la rubia pidiendo pista y pija “conmigo nada de hacerte el vago, ni de dejarme todo a mí.” Tiene razón, mejor que te deje a vos ese increíble papo que se adivina en la primera foto. Mirá si no parece que esa lustrosa bombacha esconde unos labios del tamaño de una milanga cruda enrollada como un papiro — y eso que la rubia ya hizo cortar el sobrante. “Yo pensé que la mía era como la de todas pero descubrí que no” dice Adabel Guerrero de su abundancia paponera, “en el teatro ví a otras chicas
cuando se cambiaban que a ellas no les sobraba nada, pero a mi sí y por eso me molestaba el conchero.” Igual es más probable que Adabel haya visto conchas con labios al ras no en el teatro sino en películas porno que le gusta ver. “Me encantan las pelis condicionadas porque está bueno para sacar ideas” confiesa la muy picarona mientras tu cabecita empieza a recorrer escenas para hacer realidad con la rubia. “Es que las porno te enseñan las variantes de sensualidad del cuerpo femenino y le abren la cabeza a mucha gente.” Y a Adabel le abren la zanja, como podés ver en la derecha!
Bajate el video de Adabel Guerrero en descarga directa.
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