Mariana Diarco, empresaria de la carne
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A Mariana Diarco le gusta que le adoben bien la colita antes de hacérsela. “Me encantan los chirlos en la cola y las piernas, para mí la cama es el vale todo.” Hacele de todo. |
Algunos dicen que Mariana Diarco llegó de puro culo (y viendo la foto de la izquierda razón no les falta), otros como su proctólogo dicen todo lo consiguió rompiéndose el orto, pero para Mariana Diarco la cosa es bien simple. “Mirá, por si no te diste cuenta, mi cuerpo es mi empresa”, revela la rubia con ojos pícaros, “la gerencia está en mi cabeza, las usinas son mis tetas y mi cola es como un parque industrial.” Y a diferencia de otros parques industriales con poco movimiento, el de Diarco está en constante expansión. “No fue fácil al principio” dice la empresaria recordando el día que el parque abrió por primera vez, “pero por suerte pude superar el dolor inicial usando
buena lubricación” agrega la rubia, “fue fantástico porque desde entonces listo, no tuve ningún problema más con la cola”. Y así el parque quedó abierto a la entrada de largos camiones que venían a descargar leche, lo que causó un problema logístico. “A pesar de que tengo buena cola empecé a notar que el combo que ofrecía Mariana Diarco no estaba balanceado” explica la joven empresaria, “por eso me operé las lolas, me puse 600 cm3 en total, y por eso ahora tengo como para abastecer a todo un ejército.” Tuvo que “ahorrar tres años para comprámelas”, dice la caputana de industria, pero por suerte la inversión trajo no sólo más clientes sino inesperadas satisfacciones personales. “Desde que me puse siliconas los pezones me quedaron un
poco más grandes y también el doble de sensibles, y eso es porque no son de siliconas sino que están llenas de solución salina, quedan mucho más natural.” Y a las competidoras no le parece nada natural que Mariana Diarco haya logrado convertirse en una profesional tan acabada sin siquiera haber cumplido la mayoría de edad, pero hay que tener en cuenta que la rubia aprendió a hacer negocios en Estados Unidos y arrancó desde muy chiquita. “Debuté a los 12 años en Estados Unidos y la verdad que no me arrepiento de haber empezado tan chica” dice la precoz empresaria, “porque así aprendí que no hay fronteras en el sexo ni nada prohibido en la cama, yo me animo a hacer cualquier cosa.” Fue esa apertura mental y de cachas la que le permitió unos años
más tarde pescar su primer fruto de mar cuando tenía 16 años. “Me comí un Calamaro” dice la rubia de su relación con el rockero y antes de que alguien se confunda acerca de quién sacaba provecho de quien agrega, “pobrecito Calamaro, tuvo sexo con una menor. Me gusta hacerlos sufrir, me gusta enloquecerlos… pero igual no fue tan terrible para él, hay cosas peores.” La nena dice que a pesar de que “Calamaro era muy bueno en la cama”, prefirió dejarlo para evitar que se le contaminara la empresa porque “hay que cuidarse mucho con los músicos en lo que respecta al sexo, son los principales transmisores de pestes, con ellos te podés agarrar cualquier cosa, una venérea o lo que sea.” Llevate esta res al matadero, acordate que la petisa es “empresaria de la carne”!
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