Sabrina Ravelli, morocha de ojos peteros
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Sabrina Ravelli te mira con ojos de gato caro mientras se agarra las tetas al pensar cuánto te va a cobrar la turca. |
Aprimera Sabrina Ravelli tiene un ojete que es para treparse a la escalera y cepillarla a fondo con la brocha gorda hasta pintarle el papo y la cara de blanco leche. “La verdad que el color blanco me gusta” reconoce la morocha sabiendo la connotación láctea, “uso bastante blanco, aunque en la ropa íntima me gusta combinar negro y rojo”. Pero si querés meterle el negro hasta dejarle la cola roja, armate de paciencia porque a Sabrina le gusta calentar bien la pava antes de tomarse el mate de leche. “Hay que darle tiempo al tiempo” dice con una
de esas frases hechas que son para llenarle la boca de carne en barra a modo de mordaza, “seguro que en la primera cita no va a pasar nada, ni en la segunda, ni en la tercera.” Viste? Era para no dejarla hablar, pero ahora está imparrable. “Es que tengo códigos para mí misma” intenta explicar Ravelli mientras a vos te dan ganas de aplicarle los tuyos, “los que piensan que soy fácil se equivocan.” Claro que para algunos es menos difícil que para otros — los futbolistas por ejemplo pueden pinchar esa terrible pelota de cuero que tiene por ojete disfrutando de alguna preferencia. “Es que el jugador me inspira algo bien de hombre” explica la morocha pseudo difícil, “cuando estuve con Neri Cardozo sentí la diferencia de estar con un deportista, no lo puedo negar.” A pesar de su
obvia persuasión botinera, Ravelli dice que en Patinando por un Sueño la mandaron a otro bando. “Al principio me consideraban una tumbera porque piso fuerte en el escenario” recuerda la ex patinadora, “pero no coincidía con algunas porque no se puede buscar el éxito con el escándalo, porque al final el público te da un cachetazo.” Claro, como el que a vos te gustaría darle en los cantos como para que se relaje y entregue la colita. “En la intimidad te entrego todo” reconoce la morocha, “porque en la intimidad no hay límites entre él y yo, pero los hago esperar… algunos de mis novios me esperaron un mes y medio.” Hacerle el pavito a fuego tan lento no estaría mal si se pudiera matizar con algún aperitivo, un pete por ejemplo mientras te mira con esos ojos mortales. “Los ojos me los elogian mucho” dice Sabrina
como si el atractivo principal no fuera ese terrible pavo que tiene, “tal vez lo hacen para hacerse los caballeros, pero igual los ojos son muy importantes en la intimidad, porque en algunos momentos especiales la mirada es fundamental.” Sí perfecto Sabrina, pero de onda te conviene cerrarlos si no querés quedarte con la leche en el ojo, literalmente. “Lo que me piden soy de darlo porque en la cama no hay nada prohibido” dice la botinera, “pero hay cosas puntuales que hay que ganárselas, hay que trabajar para conseguirlas.” Y hablando de trabajar para conseguir cosas, algo de lo cual las vedettes saben bastante, la morocha dice que con ella billetera no mata galán. “Los tipos no me ofrecen dinero porque
me conocen y saben que no soy gato”, dice la botinera haciendo una pausa para ver si calza la mentirita y agrega, “yo salí con jugadores pero igual a mi todos me conquistaron sólo con la personalidad”. Claro, con Washington, Grant, Jackson y otras “personalidades” de las que aparecen en los dólares billete. “Es verdad que hay minas que están con los jugadores por la billetera y la fama, pero no me incluyo” explica la morocha, “yo a Neri lo conocí porque justo fui a Sunset y estaban los jugadores de Boca y yo soy
fanática desde chiquita”. Sí, fanática de rellenarte la cola y la boca de carne en barra. “En la cama no soy de pedir, lo que me gusta voy y lo hago directamente” confiesa con súbita actitud golosa, “soy de tomar el control de la situación porque tengo mucho carácter y en la intimidad no hay límites”!
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