Amalia Granata entrega la colita
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Amalia Granata ofrece petes “al paso” al mejor estilo rosarino y apertura mental y de gambas. |
La propuesta de Amalia Granata es simple pero efectiva, la rosarina ofrece carnes firmes y una actitud más que flexible donde realmente cuenta. “Ya no tengo nada virgen” anuncia la rubia como si a vos te fuera a sorprender, “no me queda nada por hacer, en el sexo ya hice todo lo que se puede”. Que si le hicieron la cola, preguntás? Pero claro, la entrega con toda la frecuencia que requiere sus saludable nivel de putez. “No me queda nada virgen porque para mí la cola no es tabú, sino todo lo contrario” explica la rubia y uno se queda pensando en ese ubaldinesco “todo lo contrario” que es un equivalente de “me caben todas las que quieras”. Y así fue que Amalia Granata descubrió una de las leyes básicas de la alquimia vedeturril: que
las puertas de la fama se comportan como el culo, o sea que sólo se abren cuando lo haga el upite de la interesada. Y el de Granata no está para nada cerrado, sino “todo lo contrario”. “No soy frígida ni a palos” confirma Granata, que además dice que “con el tiempo aprendí a ser súper egoísta en las relaciones, porque al final lo importante es que yo quede satisfecha.” El egoísmo sexual de la rubia es buena noticia en tanto le aumenta el nivel de putez que hace que le puedas rellenar todos los agujeros del cuerpo, pero cuidado de no llenarla del todo porque el chiste te puede costar caro (sino preguntale al Ogro Fabbiani, que ahora tiene que garpar 20% de lo que gana en Newell’s). La maternidad y algunos problemitas con la hinchada leprosa hicieron que los hombres no
se le acerquen tanto, pero la rubia no tiene problemas en hacer justicia por mano propia. La masturbación femenina para mí tampoco es un tabú, cuando tengo ganas me la hago”, confiesa Amalia y anticipando críticas de sus colegas agrega que “las que dicen que no se tocan, mienten o no saben lo que se pierden.” Y la rosarina claramente no quiere perderse nada, ni siquiera algún lesbianismo liviano cuando pinta. “No tengo problemas en besar a mis mejores amigas”, confiesa la rubia aunque aclara que con
ellas “abro la boca pero guardo la lengua atrás”. Y parece que que la calentura de la rosarina con sus amiguitas le nace después de verlas desnudas. “A mis amigas las conozco completamente en bolas, porque cuando alguna se opera o se hace un tattoo, lo primero que les digo esw “a ver, sacate la ropa que quiero verte bien en bolas”. Igual a Amalia Granata no le alcanza con petear jugadores, besar a sus amigas y bajarse unas manos a la cotorra, la rubia va por más. “Es más, ahora quiero probar con un consolador” confiesa la atorra rosarina. “Dicen que cuando lo conocés, no querés saber más nada con los hombres!”
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