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Victoria Vanucci está de nuevo solita y fue al consultorio del Dr. Cagetta para que la atienda bien. Ya relajada por el galeno, Vicky pasó un fin de semana en Punta del Este, donde aprovechó para anticipar la temporada pelando las tetas.
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Victoria Vanucci pela tetas en la playa, siguiendo una tradición que inauguró cuando se sacó las fotos porno como “Cintia”.
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El otro día pasó Victoria Vanucci por el consultorio y la tuve que vacunar. Vicky había venido por un chequeo antes de salir para Punta del Este donde pensaba “hacer un lindo topless” porque el aire de mar “me excita, se me paran los pezones y quedo toda mojada, con muchas ganitas”, según comentó a la secretaria con una sonrisita nerviosa. “Tomá asiento que el Doctor Cagetta ya te va atender”, le respondió mi secretaria mientras me miraba con sonrisa cómplice sabiendo que la actriz venía para que justamente “la atendiera”. Con estos antecedentes, cuando Victoria Vanucci entró al consultorio me le tiré encima directamente y le empecé a tocar las tetas (o sea, un tacto mamario) y le comenté que como ginecólogo de confianza no le recomendaba que se desnudara hasta que no pasara por completo la época todavía
invernal. Vanucci no dió cinco de bola porque sabía que mostrando los patys iba a conseguir la pija que no tiene desde que la plantó el “empresario” Marcelo, su último novio. “Pelar me levanta la autoestima” dijo Vicky tratando de ocultar el verdadero motivo, “y además con esto pico en punta las revistas como uno de los primeros topless de la temporada”. Mientras le masajeaba a fondo los pechos (algo desinflados respecto de otras épocas) continué con la consulta aclarando que la práctica de desnudarse estaba contraindicada en bajas temperaturas, a riesgo de volver de Punta del Este con el pecho tomado. “No me preocupa volver con el pecho tomado Dr. Cagetta” dijo la paciente rebelde y agregó “es más, ojalá que venga también con la empanada inflamada y la cola hecha”. Esto me hizo cambiar
inmediatamente el foco del tratamiento para incluir las zonas mencionadas por la paciente, así que la senté en la silla ginecológica, y pasé a la inspección ocular sin siquiera darle tiempo a sacarse la bombacha. En la hoja clínica anoté “zona vulvar no presenta novedades”, pero hubiera sido más adecuado escribir “la turra tiene terrible concha”, porque cuando corrí a un costado la bombacha me encontré con un papo tan espectacular (y jugoso, porque la paciente Vanucci conoce el tratamiento) que le pegué un lengüetazo impresionante, porque en casos
como estos no hay otro remedio. “Doctor Cagetta, tan mal estoy?” suspiró la joven actriz. “Me preocupaba el exceso de fluidos” le contesté mientras trataba de disimular la carpa blanca que tenía en el nunca mejor llamado guarda-polvos, “pero por suerte veo que el sabor indica que son normales”. Están los que dicen que es inapropiado que un médico se zarpe de esa manera, y es verdad que los clínicos no pueden estar garchando pacientes, pero los ginecólogos somos un capítulo aparte. Es una buena especialidad, las pacientes saben que el ginecólogo le va a examinar la cotorra y por eso vienen depiladitas, perfumaditas, listas para el “examen ginecológico”. Vamos, si no quisieran que las toquen sacarían turno con una ginecóloga. Victoria
Vanucci es la paciente perfecta, llegó hecha un bombón y recaliente por la falta de novio. Es por esto que me hice ginecólogo —para tener éxito hay que hacer lo que a uno le gusta— pero no todas las pacientes son bienvenidas. Si cae a la consulta una gorda indeseable se la mando a una ginecóloga amiga que es lesbiana, a ella le encantan y me paga retorno por la carne que le mando. Obviamente que el paleteo paponero tiene que seguir siendo un secreto profesional, porque el
público (especialmente maridos y novios) no están preparados para conocer lo que realmente sucede en la consulta ginecológica. Son muchas las mujeres que como Vicky Vanucci chorrean jugo nada más acomodarse en la camilla y abrir las gambas. “Estoy empapada, Dr. Cagetta”, me decía la paciente Vanucci mientras se chupaba el dedo después de meterlo en el relleno de la empanada. El caso de Vicky es típico: la plantó el salame con el que estaba saliendo desde que Rago se fue con Cherubito, y
cuando el papo le ardía tuvo que buscar alivio en el ginecólogo. “No tengo suerte en el amor”, explicaba Vanucci “por eso es un consuelo saber que siempre puedo venir a hacerme atender con un profesional como usted, Doctor Cagetta”. La inspección clínica confirmó los dichos de la paciente: la humedad reveló cuán necesitada llegó a la consulta, y al separarle los cantos noté una hermosa anomalía: la escarapela de cuero estaba más baqueteada y
abierta que en la última visita. Anoté “A.D. — ano dilatado” en la historia clínica, y aprovechando la lubricación natural, le mandé el espéculo en el orto. “Ah buehh” dijo la paciente con un suspiro de alivio, “usted también es proctólogo, Doc?” Abrí grande, Vicky!
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Victoria Vanucci muestra orgullosa esos terribles cantos que cada día están más separados, parece que el Doctor Cagetta la partió al medio en serio. Vanucci dice que “una buena previa tiene que dejarme bien mojada, con mucho manoseo”. A falta de novio, Vicky se hace atender por un profesional.
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