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Evangelina Carrozzo ahora presta su considerable ojete para otra causa verde, la búsqueda de dólares del Ruso Sofovich que la contrató para aparecer desnuda en No Somos Santas. Y de santa no tiene nada, la entrerriana se convirtió en una verdadera activista del sexo — le cabe coger en público, ver videos porno de otras famosas, mirar cómo se la cogen en espejos estratégicamente ubicados y colarse dedos (lamentablemente no los tuyos) por esa cotorra enjaulada. Para desarmarla.
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Evangelina Carrozzo dice que no tiene paciencia para esperar el pijazo. “Pido todo junto, porque yo tengo ganas ahora.” ¿Qué esperás? Dale ahora!
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La entrerriana pasó de ecologista de GreenPeace a eculogista de Sofovich, y lo peor es que parece que tomó la decisión correcta: ¿Qué te importa si desaparece el mundo bajo una nube de contaminación si lográs tener el terrible orto de Evangelina Carrozzo a tu disposición? Y no te hagás el correcto, el pibe con conciencia social, porque el momento que tengas delante ese tajito delicioso que asoma detrás del tul blanco de la bombachita, vas a decir “me cago en el medio ambiente, a ésta le lleno la concha de pasta lechósica y le doy hasta que le salga papel ilustración por el orto.” Y no es que no te importe el futuro de la humanidad, es una cuestión de división racional del trabajo: mientras las gordas feas y viejas defienden la ecología, vos te encargás de reproducir la especie como Adán con Eva Carrozzo, una morocha que disfruta de andar en bolas como la primera mujer en el Paraíso. “Ahora ando en bolas por ahí, es verdad”, dice Evangelina del desnudo que hace para el Ruso en la obra No somos Santas, “nunca me había desnudado para tanta gente, los que había echo antes eran para uno
solo, de a muchos nunca.” Y no es que a la flaca le cueste pelar, para nada. “No soy de dar vueltas para sacarme la ropa”, dice Evangelina, “no soy para nada tímida porque en ese momento me olvido de todo.” Y ojo que no sólo en el escenario le gusta exhibirse, la nena es picarona. “Me gusta hacerlo en lugares raros, porque lo espontáneo te da la adrenalina de no saber lo que va a pasar, quién va a venir”, dice Evangelina revelando una turrez exhibicionista. “Hasta ahora no me agarraron aunque estuvieron cerca, pero una disimula y después seguís dándole mejor que nunca”. Tener a Evangelina entregada, poder correrle a un costado la bombachita blanca como para besarle los labios es el sueño de todos, excepto algunos giles que increíblemente no quisieron verle el papo. “Me pasó que el otro me pida ‘¿Che, porqué no apagamos la luz?”, cuenta la ex carnavalera, “parecía como que lo intimidaba verme, pero yo igual la luz la dejaba prendida
porque soy de mirar.” Ah bueh, qué putita divina resultó ser, se calienta mirando. “Si vos no querés ver, bueno cerrá los ojos, pero tiene que haber luz”, insiste Carrozzo y es para preguntarse quién puede ser el siome que no quiere ver esa ProctoCam en vivo. “Nunca hice un video, pero la verdad es que me encantaría”, agrega la enterriana ya como empastando la bombachita, “porque si te gusta observar como a mi, el video incita bastante”. Qué documental de Greenpeace ni un carajo, a Evangelina Carrozzo le encantan los videos porno caseros! “Los videos que vi de chicas conocidas están bárbaros”, dice la morocha desvergonzada, “tuvieron la mala suerte de que los dieron a conocer, pero están geniales!”. Por favor rebobiná y tomá conciencia: la dueña de ese terrible orto es una voyeur viciosa que se calienta viendo cómo se la cogen. “Soy mirona y por eso me encantan los espejos, el de atrás de la cama y el del techo son los que más me
gustan” dice la morocha y agrega por si no entendiste “está muy bueno verse”. Y ojo porque a Evangelina Carrozzo le gusta ver pomos grandes, porque “eso de que el tamaño no importa lo inventaron los que la tienen chiquita”, acusa y agrega con exigencia, “tenés que tener uno estándar como mínimo.” Ahora, si cumplís con el mínimo requerido, no dejes que los tornillos de la metálica ortodoncia de la entrerriana te intimiden, pensá en la película Crash. “Tengo aparatos en la boca, sí, pero no me impiden hacer nada… hay que tener un poquito más de cuidado, pero no pasa nada”. Carrozzo dice que no hace falta que seas fachero o metrosexual para hacerte acreedor a un buen pete. “Muchos tipos son estéticamente muy lindos y después en la cama no pasa nada, no me sirve”, dice la ex ecologista. “Eso sí, no me gusta el tipo depilado ni tampoco el que viene con un matorral… mejor que esté prolijo e insinuante.” Al final Evangelina Carrozzo resultó ser una auténtica activista, pero del sexo ratonero: exhibicionista pública, mirona de video, petera ortodóntica y
también auto-toquetona. “Cuando no tengo novio trato de pilotearla”, confiesa la morocha carnavalera, “pero hay momentos que me entra la desesperación y hago justicia por mano propia”. Y ojo que lo de estar exigida es una mera excusa, porque en realidad a la guachita le gusta colarse unos dedos aún cuando está bien atendida. “En realidad estando en pareja también lo hago, eh? Es que tiene su gustito, jaja”. Y lo que tenés que hacer está cantado: convencé a Evangelina Carrozzo de que se toque para un video casero (una trifecta con vicios de la nena, exhibicionismo, toqueteada y video) y entrá en escena cuando menos se lo espere, que le encantan las sorpresas. “Siempre busco mejorar y probar cosas nuevas, porque cuando menos lo esperás, te sale lo mejor”, dice contenta. ¡Abrí la ProctoCam® y comele el durazno a la Carrozzo!


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Fijate cómo te mira Evangelina Carrozzo en esta foto — esa cara no es de activista de Greenpeace sino de viciosa del sexo. La morocha dice que en la cama le gusta “que me digan cosas, y pido que me descubran”, y que en el momento clave “pido más y más, quiero que me hagan todo junto”.
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