Adabel Guerrero quiere batalla
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Adabel Guerrero sonríe sin saber que su pequeño pezón va a provocar que un psicópata la ate y la someta a una maratón sexual superior a cualquier película porno que haya visto. |
No te podés negar, la rubia te vió y automáticamente levantó la colita del caño y te miró fijo al tiempo que se tocaba la cabeza como si quisiera ver si tiene bien el pelo. Claro, después de ver a Adabel Guerrero haciendo honor a su apellido de manera tan alevosa, vos también tenés ganas de chequearle a ver cómo tiene el pelo — de la concha. A juzgar por las fotos de Adabel Guerrero con la torerita blanca en la playa, pelo mucho no vas a encontrar y es probable que el tajo sea más bien chico, íntimo. Al menos eso es lo que un detective de conchas supondría luego de ver que el pezón de la rubia (foto parada topless con bikini negra) es del tamaño de una moneda de un peso. Pero no te confundas: con esa guita no te alcanza ni para imaginar la cotorra de Adabel Guerrero luego de dos Schneider de litro, y además por lo que está a la vista los timbres son la única parte de
la rubia que puede considerarse pequeña. El resto del cuerpo es terriblemente carnoso, como corresponde a una mina que se define como una verdadera comilona. “No sabés cómo me la trago” dice Adabel Guerrero tratando de atraer la atención a la rodaja de sandía que le dieron a comer, cuando en realidad todo el mundo está mirando el tremendo tajo rojo que tiene la sandía calada a sus pies — Adabel la tendrá así de roja y abierta? Es otro indicio que un buen detective de conchas tiene que sopesar para llegar a una conclusión verosímil… o no, mejor atacala y volale a la mierda la tanga y fijate vos mismo, total en cana no vas a ir: el orto de Adabel Guerrero provoca un estado de emoción violenta que ningún juez, ni el puto de
Oyarbide, puede dejar de reconocer. Así que atacala por la retaguardia haciéndole una doble Nelson y clavale a fondo y sin piedad el facón de carne, que con el tiempo que pasaste afilándolo por tu cuenta y la calentura que genera la rubia tiene que penetrarle la carne como si fuera manteca. Y no te preocupes por la espectacularidad de la escena, porque Guerrero como buena viciosa tiene las retinas saturadas de escenas de películas porno. “Me encanta ver películas porno porque además de calentarme aprendo cosas para hacer después” dice la rubia lanzando un desafío, a ver si vos le podés enseñar algún dibujo que
ella no haya visto o experimentado ya. “Si hago un pete es porque quiero, nunca nadie me obligó a nada”, ofrece la rubia sin que nadie le pregunte, pero fijate que ahí tenés una punta: nunca nadie la obligó a nada, vos tenés que ser el primero. Agarrá unas corbatas que no uses y atala a la cama boca abajo y ordenale que se ponga en bolas. Mientras la atás a punta de poronga, recordale que hace poco dijo
que no se “animaría a hacer un desnudo total porque no le parecería estético” y que por eso mismo la vas a poner en bolas. Cuando la tengas estaqueada a la cama boca abajo como una res en un asado con cuero, explicale vos querés contribuir a su estética. “Ada querida, la belleza reside en la proporción de las formas”, decile al oído con tu mejor voz de degeneradito (o sea, usá tu tono normal), “y vos tenés los pezones muy
chicos para el resto del cuerpo. Pero como no puedo agrandarte los pezones, te voy a ensanchar el ojete a pijazos como para restaurar el balance de tu cuerpo.” Si reacciona violenta no importa, acordate que está atada, y quedate tranquilo que por más películas porno que haya visto Adabel, esta de justificar la demolición anal porque tiene pezones chicos no la vió nunca. Eso sí, cuidado porque cuando se desate va a querer pasar al ataque con el corset y el látigo como la ves abajo. A la yegua le gusta el rebenque!
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