Evangelina Anderson, muñeca patinadora
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Una verdadera muñeca inflable, pero de pura carne argentina. Tiene las proporciones justas para ser una máquina sexual. |
Si las munecas inflables fueran de carne, serían parecidas a Evangelina Anderson. El diseño de la rubia patinadora no dejó nada librado al azar: los ojos celestes son grandes y brillantes, como copiados de un dibujo animado japonés. Sus tetas son abundantes y respingadas, seguramente el cirujano que la operó es un aficionado del animé porno. La cola es todo lo grande que puede ser sin romper la armonía con su baja estatura, que a su vez es ideal para que sus curvas se luzcan al máximo. El centro de gravedad de esta muñeca sexual está pensado para que puedas maniobrarla con gran facilidad, ya que con un simple giro Eva pasa de hacer un pete a entregar la cola. Evangelina Anderson te hace sentir como si tu pija fuera una cortaplumas suiza multiuso: sirve como taladro sin hueso para perforarle el ojete, y también para pulirle la tráquea con la lima de carne. Es una perfecta máquina de coger de diseño argentino, y sin embargo está abandonada y en desuso. “Hace meses que no tengo sexo, desde que me separé de Fabrizio en el verano”, dice Evangelina Anderson de su ex novio, que
encima era brasuka. Estamos en problemas! O sea, ¿cuánto hace que un argentino no le da a esta belleza? “Estoy muy mal, porque desde los 18 años estuve siempre en pareja, y cuando cortaba con alguien enseguida arrancaba con otro”, dice la rubia patinadora. “En total tuve tres novios, por eso ahora me siento rara, me gusta tener alguien que me contenga, que se preocupe por mi”, sigue diciendo la rubia muñeca. “No aguanto la soltería, quiero ponerme de novia ya!” Pará, rebobiná, mirá las fotos de Evangelina Anderson y date cuenta que si la vida sexual de esta belleza está más congelada que la pista de Patinando por un Sueño, estamos hasta las bolas. Alguien tiene que sacarla del freezer sexual de un pijazo, pero dice que muchas veces son minas las que encaran. “El otro día estaba en un negocio mirando unas remeritas y bueno, vino una chica y me acarició la mano” cuenta la patinadora. “Es que faltan candidatos de los buenos” afirma Evangelina para desesperación de todos. “Estoy muy desilusionada con los hombres!”, exclama la necesitada patinadora, “es muy difícil encontrar a alguien que realmente se interese en tener una relación seria, no me interesa ser la chica de una noche.”
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Evangelina Anderson dice que hay caminos inexplorados en su curvosa geografía. “El tema de la colectora lo tengo pendiente, me da mucho miedo”. Te animás a romperle el bloqueo? La rubia te necesita. |
E l nivel de desesperación de este bombón de puro chocolate blanco argentino llegó al punto de convertir el festejo de su cumpleaños número 25 en una especie de encuentro de solos y solas, identificables por el color de la ropa. “Yo como sola fuí integramente de verde” cuenta la muñeca de carne, “el rojo era para los casados y el amarillo para los que están de trampa.” La fiesta fue en Sunset, y nos imaginamos las bestias desesperadas haciéndole seña a las minas vestidas de amarillo como si fueran taxis. La idea no es mala, pero habría que llevarla un paso adelante y que las chicas usen pulseritas colores indicando sus habilidades: si el brazalete es rosa fuerte como un pancho ChiSap, se come la salchicha. Si es de color marrón, lo entrega sin problemas. Blanco como la leche, se la traga toda. También son muy buscadas las chicas con brazaletes bicolor: si tiene uno marrón mezclado con blanco, deja que le acabes en el culo y después te limpia la leche de la pija con un pete. A Evangelina hace mucho que no se la ponen, y por eso cada tanto recuerda las picardías turreriles con su último novio, que se especializaba en clavársela en lugares insólitos. “Tuve sexo en el baño de mujeres de Ezeiza, y a la salida del aeropuerto de Santiago, en el auto. Los aviones me calientan”, confiesa Evangelina. Así que si topás con Eva en una disco y tiene puesta una pulserita con un avión, llevala urgente al aeropuerto para que te haga el pete volador.
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