Mariana de Melo con el caño entre las piernas
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De colección Mariana De Melo y su impresionante figura que está para echarle fierros mucho más pesados que la Yamaha. Divina la misionera, infernal! |
M ariana de Melo es una morocha que rompe todo, inclusive las probabilidades. Las leyes de la estadística parecen no aplicarse a esta espectacular morocha: que posibilidad tenía ella, una mucama misionera de 23 años, de ser famosa y convertirse en estrella apenas meses más tarde? Y sin embargo eso es exactamente lo que sucedió. Mariana es realmente una especie de Cenicienta moderna, una mujer tocada por la varita (lástima claro, que todavía no pudiste tocarla con la tuya). Decir que tuvo mucho culo para llegar donde está es obvio (mirá en las fotos esas curvas impresionantes que contrastan con el metal de la moto y esos gluteos que parecen rellenos de goma espuma) pero realmente tiene suerte. Miles y miles de mujeres chatean en Internet con pibes que pueden ser más o menos deseables, pero Marianita se da el lujo de chatear nada menos que con Ronaldinho, el jugador brasuka que está levantando euros con pala el Europa y por los billetes nomás figura entre los solteros más codiciados del mundo. “Ronaldinho me dice que a veces no puede dormir pensando en mi”, dice Mariana con humildad, sin cancherear a pesar de la “proeza”. Parece sacado de un culebrón que nunca salió al aire porque el argumento era poco creíble: un ex favelero convertido en multimillonario por el fútbol y una ex mucama convertida en artista famosa por sus cantos, se enamoran
via chat. De tener las patas en la tierra pasaron a la fama y a la interacción cibernética por cortesía de la hermana de Mariana. “Nos conocimos porque una hermana mía vive en Barcelona. Ella lo conoció, le habló de mí, le mandó algunas fotos, el le pidió mi mail y así comenzamos a chatear”, cuenta Mariana y agrega que “chateamos seguido y no para de mandarme piropos. Además me invitó a viajar a España para conocerlo”. Mariana no quería que se supiera de su chat con Ronaldinho, pero su (ex?) amiga Belen Francese no pudo guardar el secreto y empezo a contarlo por los chimentosos ambientes faranduleros. “Me enojé porque son cosas privadas mías, y ella no tiene porqué hablar de mis cosas. Si yo no las cuento no entiendo porqué las tiene que contar ella”, dijo Mariana enojada. Cabe preguntarse porqué la misionera se enojó, si todo el mundo sabe que las vedettes tradicionalmente usan sus romances para tener prensa. Una de las razones por las cuales De Melo habría preferido que la relación quedara en secreto es que
aparentemente, la morocha le envió al brasuka mucho más que texto en esos chats, lo que explicaría el entusiasmo de Ronaldinho con una mujer que nunca conoció en persona. A juzgar por la fuertísima reacción que tuvo De Melo cuando le sacaron el tema, parece que la misionera en realidad hace video chat y bien hot con el brasuka. “Dicen que hay videos de lo que vos haces en los chats con Ronaldinho”, le disparó un dogor en el programa La TV Show, y la morocha sin saber bien qué contestar se levantó y se fue intempestivamente del estudio. Ahora se entiende un poco más porqué Ronaldinho le dice que hay noches que no puede dormir pensando en la misionera. Esa camarita debe arder con escenas de alto voltaje, especialmente por el incentivo económico que hay para una mujer en “enganchar” al futbolista: el chat ese puede ser la llave para lograr millones de euros. La vida de Mariana de Melo es tan increíble como el lomazo que tiene, va a protagonizar este verano una obra con Gerardo Sofovich cuyo título le calza justo: Pobres pero casi Honestas.
Si una de tus fantasías favoritas es la de “la mucamita”, con Mariana de Melo estás de para bienes. Conocés la historia: hace apenas tres años atrás, Mariana de Melo era mucama. Pensalo un poco: ese minón que ves en la moto podrías haber contratado por horas para que te limpie la casa y quizás hacer la de “la mucamita” pero en serio. Imaginate que le calzás el uniforme con el delantalito, la minifalda, y el plumerito en la mano con ese lomazo infernal que tiene que haber estado igual o más fuerte que hoy, más joven (ahora tiene 26) y con la carne todavía más dura. El dicho asegura que las mujeres en trabajos menores o poco respetados en algún momento cometen un error, como la legendaria “costurerita que dió el mal paso”, pero esta mucamita viene pisando fuerte desde que dejó esa tarea. “Desde los 8 hasta los 23 años trabajé como mucama”, dice Mariana y uno piensa lo que debe haber sido para los dueños de casa encontrarse con esta máquina sexual limpiando en la casa. “Obviamente cuando trabajaba de mucama me llevaba mucho mejor con el patrón que con la señora”. Imaginate lo que debe haber visto para el “patrón” el primer día que cae Mariana de Melo a limpiar como
nueva mucama, el tipo abre por ejemplo la puerta del baño y la encuentra agachada limpiando la banera con CIF. Seguramente “el patrón” debe haber tenido ganas de llenar a Mariana de un líquido de apariencia similar al propio limpiador, y cepillarla a fondo hasta que la bomba misionera quede toda pulidita por dentro. Es que no es para menos, la misma morocha que desde estas fotos te provoca un escalofrío de que te recorre la espalda como un colectivo y te la deja parada al llegar a la última parada: imaginate la misma morocha que ves posando con la Yamaha, te aparece en tu casa de culo refregando la bañera, y cuando todavía no te recuperás de ver esa cola mortal, Marianita se da vuelta y mirándote
con esa carita te dice “Ah, que tal. Soy Mariana, la nueva mucama. Querés usar el baño?”. No debe haber habido un solo “patrón” que no haya querido cepillar a esta mucama, y si tenemos en cuenta que De Melo reconoce que se llevaba bien con los patrones, varios deben haber tenido la hermosa suerte de contar con un ’servicio doméstico’ realmente completito. Primero el culo y luego la cara: dos golpes mortales para un knockout seguro. Porque De Melo tiene una combinación enloquecedora: esa carita de morocha pícara, con ojos rasgados al estilo indio que revelan la pasión telúrica, el pelo negro azabache como crin de caballo que se presta para que lo uses como rienda cuando la montes, y esa boca comilona con labios que parecen haber alcanzado su torneada perfección en incontables petes.
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